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    A 10 años de Columbine

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    19.04.09
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    Fue al mismo tiempo la masacre que nadie esperaba y que tanto se había anunciado. Hace 10 años dos adolescentes entraban a los tiros a la secundaria de Columbine, Estados Unidos, inaugurando una nueva era: la de las masacres en establecimientos educativos.

    Imagen de A 10 años de Columbine
    Una imagen de los asesinos de Columbine captada por una cámara de vigilancia - AP

    “Sería tan fácil llevar un arma cargada a la escuela como entrar a ella con una calculadora". Eric Harris, uno de los asesinos de la escuela secundaria Columbine en un trabajo escolar.

    “Espero poder matar a más de 250 de ustedes... Será el momento más excitante de mi vida, después de que coloquemos las bombas y entremos disparando en la escuela. Los segundos parecerán horas.”
      Dylan Klebold, el otro asesino en uno de los videos grabados media hora antes de la masacre.

    Eric Harris y Dylan Klebold habían dado señales suficientes de que sus vidas no andaban bien. La masacre de la escuela Columbine era la crónica de una tragedia anunciada. Los dos eran frecuentes víctimas del acoso de sus compañeros. En sus páginas web, en tareas escolares, en el robo de material informático por el que fueron detenidos y atendidos por psiquiatras, en las amenazas hechas a compañeros de clases, en sus perturbados dibujos, en sus videos caseros, en todas partes estaba la huella que conduciría al final de sus caminos y el de otras 13 personas. Habían estudiado de manera exhaustiva las disposiciones federales y estatales para elegir cómo adquirir las armas pasando desapercibidos. Lo lograron comprándolas vía Internet y recibiéndolas en sus casas. Las balas las consiguieron en el supermercado. Ni sus familias sospecharon cuando recibieron un llamado confirmando que el paquete llegaría en las siguientes horas: creyeron que se habían equivocado de número.

    "Los directores se pelearán por los derechos de nuestra historia. Nos preguntamos quién la llevará al cine, si Steven Spielberg o Quentin Tarantino", decían los chicos en uno de sus terribles videos revelados luego de la masacre. Una anotación en la agenda de Dylan describía paso a paso lo que ocurriría el 20 de abril de 1999: “Reunión a las 06:00 horas; a las 10:30, prepararse; a las 11:12 alistarse y a las 11:16, JAJAJA. Bombas, usar bombas... fuego de cobertura... retirada... apuntar a la cabeza... suicidio.”

    LA HORA FINAL

    Aquella mañana, hace 10 años, Eric Harris y Dylan Klebold se encontraron temprano, se ducharon juntos, grabaron algunos videos explicando lo que iban a hacer y cargaron sus armas y explosivos en bolsos. Salieron hacia un local de bowling y jugaron algunos tiros. Luego se dirigieron a la escuela. Al llegar cargaron sus armas y las escondieron entre sus sobretodos. Afuera de la escuela, Eric vio a un compañero y le dijo: “Las cosas se van a poner muy feas adentro. Tú me caes bien. Hazme caso y no regreses”.

    La matanza comenzó en la cafetería. Los explosivos fallaron pero eso no los amedrentó, dispararon al azar y se separaron. En la biblioteca muchos alumnos cayeron ante las balas. La estampida les permitía a los asesinos mejorar su puntería. La policía empezó a rodear el campus, asistiendo a los alumnos que huían despavoridos. Después de unos minutos que parecieron horas en los que los asesinos dispararon sobre sus compañeros y profesores, se despidieron con un abrazo y cada uno apuntó su arma a su propia cabeza y disparó. Sus cadáveres quedaron tendidos en el piso de la biblioteca. Habían consumado la masacre anunciada llevándose 13 vidas y dejando a 24 heridos.


    UN ANTES Y UN DESPUÉS
    Frustración. Ansiedad. Incertidumbre. Desamor. Incomprensión. La mente de un adolescente está llena de sentimientos difíciles de detectar y, mucho menos de poner en palabras. El silencio es un pedido de ayuda a gritos cuyos amargos desenlaces son lamentados por comunidades enteras.

    A 10 años de este suceso que golpeó a esa ciudad del estado de Colorado en particular y a los norteamericanos en general, el mundo cuenta en su haber numerosos episodios de este tipo.  Estados Unidos tiene un amplio historial de personas (en su mayoría hombres) que, por diversos motivos, de repente toman un arma, asesinan a aquellos que los estigmatizaron en su casa o ambiente de trabajo y luego salen a dispararle a transeúntes al azar. En el ámbito de los colegios, diferentes alumnos desencadenaron tragedias similares a la de Columbine e inspiradas en ella. La más célebre y la más sangrienta en la historia del país fue la Masacre de la Universidad Virginia Tech en 2007, en la cual en un período de dos horas, se produjeron dos ataques masivos en sus instalaciones. El estudiante de Literatura Seung-Hui Cho mató a 32 personas, hirió a otras 23 y, como suele suceder en estos casos, finalmente se suicidó. El frío y callado atacante había escrito en uno de sus textos "ustedes me obligaron a hacerlo", para luego anunciar en una web estudiantil la masacre que protagonizaría. "Hoy voy a matar gente en Virginia Tech",escribió pocas horas antes de concretar el mayor asesinato en masa en un establecimiento educativo norteamericano. También afirmó que lo hacía en homenaje a los asesinos de Columbine.

    DESDE ESTADOS UNIDOS PARA TODO EL MUNDO
    Este tipo de ataques no son patrimonio de Estados Unidos. Uno de los más recientes ocurrió en Winnenden, al sudoeste de Alemania. Un estudiante que se había graduado en 2008, Tim Kretschmer, mató a 16 personas antes de dispararse a sí mismo. El 28 de septiembre de 2004, en la Escuela Media N° 2, de Carmen de Patagones, en el extremo sur de Buenos Aires, Argentina, un chico de 15 años les dijo a sus compañeros de clase: "Hoy va a ser un lindo día". Enseguida sacó de entre sus ropas una pistola Browning calibre 9 milímetros de su padre y comenzó a disparar sin pausa sobre sus compañeros. Tres cayeron muertos y otros cinco resultaron heridos.

    Generalmente, los protagonistas de estos hechos son jóvenes que han sido molestados por sus compañeros sistemáticamente. Al acumular resentimiento durante tanto tiempo, cualquier gesto o comentario, por mínimo que parezca, puede ser la gota que colme el vaso y habilite el peor desahogue para el sufrimiento vivido. En los casos estadounidenses, la facilidad con la que cualquiera puede comprar un arma -como lo muestra Michael Moore en su documental Bowling for Columbine- hace que estén al alcance de la mano de cualquiera pistolas y ametralladoras sin ningún tipo de control.

    ESPEJITOS DE COLORES

    A raíz de lo sucedido en Columbine, las escuelas estadounidenses se vieron obligadas a prestarle más atención a la seguridad de sus instalaciones. Las autoridades desarrollaron diversos programas de asistencia y apoyo a los alumnos, a la vez que incrementaron el chequeo de sus casilleros personales. Sin embargo, el impulso inicial duró poco. Kenneth S. Trump, el Presidente del Servicio de Seguridad Escolar y Nacional de los Estados Unidos, opina que “somos un país con políticas públicas y de financiación en constante cambio. En los dos años posteriores a Columbine, los legisladores estatales y federales estuvieron muy pendientes de la seguridad en las escuelas. Con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, se quitó la mirada de allí. Desde entonces, se ha recortado el presupuesto para la seguridad en los colegios.” Trump lamenta el enfoque que las autoridades tienen del tema: “Las comisiones pueden asegurar hasta el hartazgo que este tema es una prioridad, pero hasta que no esté verdaderamente reflejado en sus presupuestos, no lo será.”

    Más allá del dinero asignado a una partida presupuestaria, es fundamental y urgente analizar los problemas de fondo que llevan a tantos adolescentes que no tienen ni los medios ni el espacio para manifestar los conflictos de su edad, a cometer estos hechos violentos en las instituciones que fallaron en contenerlos.

    Destrúyete a ti mismo
    Alumnos heridos son atendidos en Columbine - Archivo AP.
    Alumnos heridos son atendidos en Columbine - Archivo AP.

    La adolescencia es, históricamente, un momento realmente complicado en la vida de un joven y “en la actualidad, la situación se ve profundizada porque vivimos en un capitalismo neoliberal, a nivel global, que se encargó de despojarlos de futuro”, asegura el médico psicoanalista especializado en adolescencia Juan Carlos Volnovich. “Hablar de Columbine es hablar de dos cosas: primero, el hecho en sí mismo, y segundo, la difusión que le dieron los Medios. Los Medios son experiencias de ampliación que no suelen ser desinteresadas. Uno no puede ignorar que la difusión de estos acontecimientos tiene como hecho instalar la figura de los adolescentes como peligrosos, lo que justifica la creación de leyes de represión, mano dura y genera una conciencia en la población de que hay que castigarlos”.

    Robos, asesinatos, secuestros o venta de droga. No importa el rubro, sólo la edad. En la actualidad, los medios de comunicación exaltan el hecho delictivo a manos de jóvenes sin preguntarse lo esencial. “La imagen de adolescentes asesinos es muy peligrosa” -asegura Volnovich-  “ya que supone la represión y oculta las causas.” Se esconde el verdadero motivo y se castiga el resultado. Así, la pregunta que se instala es qué hacer con los jóvenes asesinos, y no por qué una sociedad los produce.

    Pero la respuesta no es alentadora, y si bien la simplificación es siempre inexacta, los adolescentes forman parte de una generación que no tiene futuro en cuanto a la inserción laboral en el mundo contemporáneo. La globalización hizo que las sociedades heredaran todos los beneficios y todos los problemas del mundo.
    Hoy, el sistema genera millones de excluidos que, año a año, saben que ya no van a poder volver a ingresar en el mundo laboral y que se conforman con un lugar de marginación, condición que a su vez temen perder.

    “Este no es un tema local, sino global. Hoy los jóvenes tienen una identificación mortífera que el propio sistema ofrece al estilo: destrúyete a ti mismo. Y en ese acto destructivo están cumpliendo el mandato de un sistema que quiere expulsarlos”.

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