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    Berlín, a 20 años de la caída del muro

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    por Javier Domingo - Especial desde Berlín | 09.11.09
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    En Occidente se lo conoció como "El Muro de la vergüenza". Las autoridades soviéticas le decían "Muro de Protección Antifascista". Los 45 kilómetros de concreto que separaron a la ciudad alemana de Berlín entre 1961 y 1989 fueron el símbolo más característico de la Guerra Fría. ¿Quién ordenó su construcción? ¿Por qué cayó? ¿Cómo afectó la vida de los berlineses? ¿Qué ganó y qué perdió cada lado de la ciudad con su destrucción? ¿Cuáles son los nuevos muros del Siglo XXI?  A 20 años de la caída del Muro de Berlín, Observador Global viajó a Alemania para descubrir las huellas y vestigios del telón de acero más célebre de la historia.

    Imagen de Berlín, a 20 años de la caída del muro
    A 20 años de su caída, nadie quiere en Berlín que vuelva el muro ni las divisiones, pero es opinión generalizada que el modo en que el proceso se llevó a cabo fue un error - AP

    En los años ’80 se respiraba un aire de cambio. “Glasnost” (transparencia) y “Perestroika” (reconstrucción) eran las palabras con las que Mijail Gorbachov, secretario del partido de la URSS, había sorprendido al mundo.

    Hacia finales de la década, había señales de apertura en todos los países del bloque comunista. La República Democrática Alemana (RDA), sin embargo, era uno de los estados donde el régimen parecía más fuerte. Tenía mayores razones para mantener la mano dura: su propia vida estaba amenazada por la existencia de otro estado alemán detrás de sus fronteras, la República Federal Alemana.

    En la ciudad de Lipsia, grupos de ciudadanos comenzaron a organizar la “marcha de los lunes”, pidiendo mayor apertura y el libre acceso al Oeste. Las manifestaciones se extendieron luego a todo el país. Gorbachov anunció, ya en julio, que no intervendría en los asuntos internos de la RDA.

    En Octubre de 1989 Hungría abrió las fronteras con Austria, rompiendo la cortina de hierro. Miles de alemanes del Este usaron este camino (a través de la entonces Checoslovaquia), para llegar a Alemania Federal.

    Ante el masivo éxodo, el gobierno de la RDA debió ceder. El primer secretario del partido comunista, Günter Schabowski, dio una conferencia de prensa donde anunció que los viajes al exterior estaban permitidos. En realidad, la nueva medida debía aún ser estudiada, pero cuando un periodista le preguntó a Schabowski a partir de cuándo estaban autorizados los viajes, éste no supo encontrar una respuesta mejor que “ab sofort” (“Desde ahora mismo”).

    Espontáneamente, un grupo numeroso de personas se dirigió a la primera frontera, el muro de Berlín, para poder pasar al otro lado. Les negaron el permiso, pero la gente empezó a gritar que por televisión el gobierno había dicho que las fronteras estaban abiertas. Ante la presión, los soldados levantaron las barreras.

    Posteriormente los guardias dirían: “era tanta la cantidad, y tanta la fuerza que los dejamos pasar porque sino, hubiera ocurrido una masacre.” Los alemanes del Este derribaron el muro con una revolución pacífica.

    Schabowski fue expulsado del partido inmediatamente. Años más tarde fue condenado a prisión por su responsabilidad en algunas de las muertes de las personas que anteriormente habían intentado cruzar el muro que él mismo, con su error, contribuyó a abatir el 9 de noviembre de 1989.

    En la RDA se celebraron elecciones libres en marzo de 1990, en las que el Partido Comunista perdió el poder del parlamento. Con una resolución, se votó la adopción de la Constitución de la República Federal Alemana. El 3 de octubre de ese mismo año, la RDA había dejado de existir.


    20 AÑOS NO ES NADA
    Pasaron veinte años. Hoy hay toda una generación de alemanes que no conoció la división entre el Este y el Oeste. Sin embargo, muchas divisiones subsisten. Mientras Alemania sigue siendo la “locomotora de Europa” a pesar de la crisis económica, la ex Alemania del Este es una de las regiones más pobres de la Unión. El desempleo en las cinco regiones que formaban antes la RDA llega alrededor del 17%. El descontento aumenta, así como aumenta la emigración hacia las zonas occidentales. Tan fuerte es el fenómeno que existen casos extremos de pueblos enteros que quedaron desiertos y fueron reconvertidos en áreas verdes de recreación (en las regiones de Mecklenburgo-Pomerania Occidental y en Brandenburgo).

    El malestar se expresa también políticamente. Durante los primeros años después de la unificación se temió un rebrote de la extrema derecha en el Este, especialmente en las regiones más pobres. Sin embargo, ninguna de esas agrupaciones pasó jamás del 3% de los votos. Hoy, el antiguo partido comunista de la RDA -convertido en “La Izquierda” (Die Linke) junto a sectores de la izquierda de la RFA- es el partido más fuerte en tres de las cinco regiones del Este. En las zonas orientales de Berlín, La Izquierda obtiene el 50%.

    Nadie quiere que vuelva el muro ni las divisiones, pero es opinión generalizada que el modo en que el proceso se llevó a cabo fue un error. La República Federal Alemana va progresivamente perdiendo a su logro más importante: el estado social. La República Democrática Alemana fue cancelada y sus habitantes englobados en otro país, donde eran ciudadanos de segunda clase y muchos lo siguen siendo.

    Lo que queda de la Alemania del Este, después de sus 41 años de existencia, se puede reducir en uno de los banquitos donde se venden souvenirs: banderas de la RDA, uniformes de soldados soviéticos, bustos de Lenin, prendedores con la estrella roja, gorros de piel rusos, viejos documentos de identidad, viejos manuales de colegio, cancioneros de la “juventud comunista”, matrioshkas con la cara de Gorbachov o de Reagan, la fotocopia de un diario donde Honecker (el último presidente de la RDA) asegura que “el muro permanecerá aún cien años en pie”.

    En algunos negocios más sofisticados se pueden encontrar otros objetos de lo que hoy se denomina “Ostalgie” (nostalgia por el Este). Despojados de su identidad, muchos de los alemanes del este la buscan en productos que antes despreciaban: Club-Cola (la Coca-Cola del este), chocolate que en realidad no era chocolate, discos, pepinos en vinagre “Spreewald” (gracias a la fama obtenida por la película “Goodbye Lenin” hoy de vuelta en el comercio), y demás productos de diseño u objeto cotidiano, como el mítico auto “Trabant”, por el que hoy se pagan fortunas.

    A diferencia de otros países comunistas, donde las fábricas estatales se convirtieron en sociedades anónimas capitalistas, en la RDA la competencia con los productos occidentales fue muy grande. Todos estos productos dejaron de existir apenas cayó el muro. Las ciudades sufrieron una gigantesca transformación. La gente del Este tiene que apelar a la imaginación o al recuerdo para revivir su propia infancia, su juventud.

      “Yo ni siquiera existo”, se queja Tobías, 58 años, del barrio de Hellesdorf – uno de los más pobres de Berlín. “Los chicos de hoy en la escuela estudian nuestra historia hasta Hitler. Nada más, nada saben de la RDA. Pero sí se habla de la unificación. Nosotros no aportamos nada nuevo, ni viejo, nada bueno, ni nada. 41 años para nada. Sin embargo me pregunto ¿cómo pude haber nacido en un país que no existe?”

    Tobías pertenece a esa generación a la que llaman “la generación perdida”. Los viejos ya estaban viejos, los jóvenes pudieron aprovechar el cambio, los niños crecieron en otro mundo. Mucha gente de media edad no supo cómo reaccionar ante ese mundo nuevo, que sentían impuesto desde afuera.

    Los que crecieron durante el comunismo intentan combatir para recobrar una identidad. Símbolo de esta batalla es el “Ampelmännchen” (el hombrecito del semáforo). Cuando Berlín se convirtió en una sola ciudad, los semáforos fueron siendo remplazados y desapareció de la vista de los berlineses el simpático hombrecito de sombrero que ordenaba el tráfico de los peatones. Hasta que se inició una campaña para salvarlo, al menos a él, del cambio que imponía el mundo. Hoy el hombrecito sigue existiendo y cumple su trabajo regulando las caminatas de los berlineses… del Este.

    El día que Berlín festejó
    Angela Merkel y Hillary Clinton, protagonistas de los festejos por los 20 años de la caída del muro de Berlín - AP
    Angela Merkel y Hillary Clinton, protagonistas de los festejos por los 20 años de la caída del muro de Berlín - AP

    Miles de alemanes jubilosos evocaron el momento electrizante de la caída del muro de Berlín, con 1.000 piezas de dominó de más de dos metros de altura que cayeron una tras otra a lo largo de la ruta que seguía el desaparecido símbolo de la Guerra Fría.

    El espectáculo —calificado por los organizadores como una metáfora por la manera en que el verdadero muro cayó hace 20 años, y el posterior derrumbe de otros gobiernos comunistas en Europa oriental— fue uno de los varios eventos para conmemorar el aniversario y celebrar el profundo cambio que generó no sólo en Alemania, sino en Europa y en todo el mundo.

    La canciller Angela Merkel —primer gobernante de la Alemania reunificada que creció en la zona oriental comunista— calificó el momento de la caída del muro como un momento "épico" en la historia.

    "Para mí, fue uno de los momentos más felices de mi vida", destacó.

    Sin embargo, también recordó el trágico significado para los alemanes de esta misma fecha hace 71 años, en la llamada Noche de los Cristales Rotos, cuando los nazis lanzaron una orgía de violencia contra la comunidad judía, en la que centenares de sinagogas fueron destruidas y los negocios judíos fueron saqueados en esa noche en desórdenes autorizados por el estado.

    "Ambos eventos demuestran que la libertad no es evidente por sí misma", dijo Merkel. "Se debe luchar por la libertad. La libertad debe ser defendida una y otra vez".

    Previamente, Merkel y el ex líder soviético Mijail Gorbachov cruzaron una ex frontera fortificada el lunes en medio de aclamaciones de "¡Gorby! ¡Gorby!", ante una multitud de agradecidos alemanes que recordaron la caída del muro.

    Merkel comenzó las ceremonias en un momento de oraciones junto al presidente Horst Koehler y otras autoridades en un templo de la otrora Berlín Oriental que fue un centro de reunión de activistas opositores en 1989.

    "Recordamos las lágrimas de alegría, los rostros encantados, la liberación", dijo el obispo luterano Wolfgang Huber a las personas en el Templo de Getsemaní.

    Merkel dijo que estuvo entre los alemanes orientales que, al escuchar las palabras de Schabowski, creyeron que "algo podía ocurrir la noche del 9 de noviembre". Como muchos otros, cruzó la frontera.

    "Estábamos estupefactos y felices", evocó Merkel, de 55 años, en una entrevista con la televisora ARD.

    Con la música de Bon Jovi y Beethoven fue recordado el gozo por la apertura de la frontera, que derivó en la reunificación alemana menos de un año después y en la rápida demolición de la mayor parte del muro, que zigzagueaba por 155 kilómetros en torno a Berlín Occidental, un enclave capitalista en las profundidades de Alemania Oriental.

    Comentarios (1)
    Vanina - 09/11/2009 09:48
    Excelente nota, bien llevada, llena de información y desde una neutralidad absoluta también emociona.Gracias por esta reseña histórica llevada hasta el presente.
    1
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