-
HISTORIA
El Holocausto por balas
por Alejo Moñino | 22.09.09A medida que los alemanes avanzaron sobre territorios soviéticos durante la Segunda Guerra, la población judía fue siendo asesinada de una manera brutal y muy poco documentada. Las terribles imágenes de los campos de concentración difundidas tras la guerra opacaron otra bestialidad cometida por los nazis en Ucrania, Bielorrusia y Rusia: el genocidio por balas, una sistemática masacre cometida contra miles de personas. Un sacerdote francés se dedicó a estudiar lo que nunca antes se había investigado en profundidad y obtuvo el crudo testimonio de los testigos de aquel horror, luego de casi 70 años.
El "Holocausto por balas" cometido por los nazis como parte de la "Solución Final" en Ucrania, Rusia y Bielorrusia fue poco investigado por la historia - APEl Holocausto cometido por los nazis se grabó en la memoria de la humanidad con imágenes que aún hoy, pese a su recurrencia, no dejan de espantar y asombrarnos: hombres mujeres y niños ingresando a los campos de concentración, marchando hacia las cámaras de gas, observando impávidos y famélicos detrás de las rejas, llorando durante los trabajos forzados, implorando por ayuda, mostrando los números que bestialmente sus captores tatuaron en sus pieles.
Pero menos conocido para el resto del mundo es el "Holocausto por balas", en el que más de 2 millones de judíos murieron a tiros a través de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Víctimas de la famosa “Solución Final” de los nazis, sus muertes casi no fueron investigadas y la mayoría de sus cuerpos, enterrados en fosas comunes, jamás fueron identificados.
Fue un sacerdote católico francés quien se ocupó, en el último tiempo, de investigar lo que en 70 años nadie había indagado. Patrick Desbois entrevistó a más de 800 testigos presenciales que identificaron cientos de fosas comunes esparcidas por los campos polvorientos de la ex Unión Soviética. El resultado es un libro, "El Holocausto por balas", que viene a saldar una deuda que la humanidad tiene con quienes murieron de una manera brutal y poco difundida hasta el momento durante la Segunda Guerra.
Desbois llegó a Ucrania por un giro del destino hace siete años. Desde entonces, trata de documentar la verdad, honrar a los muertos, aliviar a los testigos del dolor y la culpa y sobre todo, trabajar para evitar futuros actos de genocidio.
UN HORROR SILENCIADO
Alrededor de 1,4 millones de los 2,4 millones de judíos ucranianos murieron durante la guerra. Unos 650.000 fueron ejecutados, el resto murieron de hambre o enfermedades. Otros 140.000 judíos soviéticos murieron en Rusia, de acuerdo con las cifras que maneja el Museo del Holocausto. La mayoría de las víctimas eran mujeres, niños y ancianos.
Iniciada después de que Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941, el “Holocausto por balas” fue una de las primeras fases de lo que los nazis llamaron la "Solución Final”, que se completó con los campos de concentración como Auschwitz y otros esparcidos en la Polonia ocupada.
Desbois dedica su libro de 233 páginas a su trabajo en Ucrania, donde descubrió más de 800 lugares de exterminio en masa, más de dos tercios de ellos desconocidos previamente. La investigación lo llevó a las fosas comunes del territorio bielorruso y a las regiones que fueron ocupadas por Alemania durante su avance sobre territorio soviético.
El relato estremecedor de quienes observaron a hombres, mujeres y niños arrastrados a fosas en las que se los mataba con un tiro en la cabeza es conmocionante. Esos testigos recordaron que muchas de las masacres fueron cometidas también mediante hogueras a las que arrojaban a la gente atada o enterrando vivas a las víctimas y hasta encerrándolos en sótanos para matarlos de hambre.
UN PLAN SISTEMÁTICO
El exterminio era metódico. Cuando los alemanes llegaban a una ciudad, identificaban a la población judía, gitana, u homosexual, se determinaba cual era geográficamente el mejor lugar para las fosas comunes, se los trasladaba y se realizaba la faena en el menor tiempo posible. Según el lugar, los alemanes también recibían ayuda local de voluntarios afines a la causa nazi.
"Se hizo tan sistemáticamente como en otras partes", dice John Paul Himka, un experto en el Holocausto de la Universidad de Alberta, Canadá. “Nada fue casual”, asegura.
Una de las más macabras revelaciones del libro de Desbois es el uso generalizado de los niños locales para ayudar a enterrar a los muertos, llevarles comida a los oficiales alemanes y quitar los dientes de oro y otros objetos de valor de los cuerpos sin vida.
La mayoría de los testigos entrevistados en el libro son cristianos ortodoxos que nunca antes habían hablado de sus experiencias. Tal vez la condición sacerdotal de Desbois sirvió para que se soltaran y pudiesen revivir la experiencia. Muchos lo hicieron de manera traumática, requiriendo asistencia médica durante las entrevistas.
TESTIGOS DE LA BARBARIE
En la aldea de Ternivka, a unos 200 kilómetros al sur de Kiev, donde fueron asesinados 2.300 judíos, una frágil anciana llamada Petrivna, reveló la tarea insoportable que los nazis le impusieron cuando era una joven colegiala. Un día Petrivna vio cuando los alemanes acababan de matar a decenas de personas en una fosa y los arrojaron en un pozo que no era lo suficientemente grande. Ella junto a otros niños que ocasionalmente estaban en el lugar fueron obligados a caminar sobre los cuerpos para hacer más lugar y poder arrojar otros. Hoy esta mujer recuerda la agonía de los cuerpos que aún permanecían con vida bajo sus pies y el horror de haber pisado descalza (su extrema pobreza la obligaba a andar así) el cuerpo de un compañero de la escuela.
Desbois confiesa que escuchar estas historias le provocó pesadillas imposibles de erradicar. “Lo más difícil fue soportar los horrores de todo lo que los testigos me dijeron. La mayoría es gente muy sencilla, muy amable y quisieron decírmelo todo", aseguró en una entrevista reciente.
"Tienes que ser capaz de escuchar, aceptar, asumir este horror", dice Desbois. "No estoy aquí para juzgar la culpabilidad de la gente, estamos aquí para saber lo que pasó."
El pequeño equipo de investigación de Desbois incluyó un traductor, un investigador, un experto en cartografía, un especialista en balística, un camarógrafo y un fotógrafo. El sacerdote francés decidió embarcarse en esta empresa cuando en el año 2002 visitó en Ucrania el lugar en el que su abuelo había sido internado como prisionero de guerra en Ucrania. Allí la gente del lugar le habló de un río de sangre que había corrido desde el sitio donde fueron ejecutados los judíos de esa región y el recuerdo de los restos humanos diseminados por el lugar luego de que los nazis tiraron una granada en aquella fosa. Desbois comprendió que tenía que investigar más.
En Ucrania, que pocos años antes había padecido el genocidio por hambre al que lo sometió Stalin (entre 1932 y 1933, en el que murieron más de tres millones de personas), el Holocausto es un tema controvertido porque algunos ucranianos colaboraron con los nazis. Los grupos judíos están agradecidos por los esfuerzos de Desbois y lamentan la falta de apoyo gubernamental para la investigación sobre el Holocausto en esta región del planeta.
"Como ciudadano de Ucrania e historiador ucraniano me duele que no exista una política por la memoria nacional", dice Anatoli Podolsky, director del Centro Ucraniano para Estudios del Holocausto. "Nosotros no somos responsables por el pasado, pero tenemos la responsabilidad de recordar". -
NOTAS RELACIONADAS

















