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CONFINES
El muro del pueblo
09.11.09Berlín no fue la única ciudad partida por la Guerra Fría. La aldea de Moedlareuth, en la frontera de los estados de Bavaria y Thuringia, ya derrumbó sus límites físicos, pero las diferencias culturales y administrativas siguen en pie. Dos alcaldes, dos códigos de área, dos maneras de saludar y un recuerdo tangible de la lucha entre el capitalismo y el comunismo.
La aldea de Moedlareuth, en la frontera de los estados de Bavaria y Thuringia, ya derrumbó sus límites físicos, pero el legado de la Guerra Fría sigue en pie.El Muro que atraviesa un pequeño pueblo alemán en el límite entre los estados de Bavaria y Thuringia, está casi en el mismo estado que hace dos décadas, cuando el país estaba dividido en Este y Oeste. Durante 41 años, la llamada “cortina de hierro” atravesaba Moedlareuth y era conocida entre los soldados norteamericanos como “la pequeña Berlín”.
Los 166 kilómetros totales del muro que separaba a la capital alemana parecen mínimos frente a los 1.400 de la variante que cortaba a Moedlareuth. Después de la Segunda Guerra Mundial, el lado bávaro, que incluía a la iglesia del pueblo, fue parte del sector norteamericano, mientras que la otra mitad, donde se encontraba la escuela, estaba bajo dominio soviético. La barrera era una mezcla de concreto, alambres, campos minados y torres de vigilancia.
La separación se profundizó en 1949 con la fundación de Alemania Occidental y Alemania Oriental. Los habitantes del pueblo sólo podían cruzar la frontera con un pase especial. Tres años después, casi una década antes de que se construyera el Muro de Berlín, las autoridades de la mitad Este crearon un espacio divisorio de diez metros. Tras derribar árboles y edificios, se creó el límite definitivo y se estableció un estricto toque de queda, a tal punto que saludar a amigos o familiares del otro lado podía ocasionar problemas.
En 1966, se construyó una pared de concreto de 700 metros de largo y tres metros de alto que atravesaba el centro del pueblo. El muro estaba rodeado de ametralladoras automáticas y perros guardianes. Ese año, Karin Mergner se casó y se mudó a la granja de su marido en la mitad Oeste de Moedlareuth, la cual estaba a sólo 50 metros de la frontera. Cada vez que salía de su casa o miraba por la ventana, se encontraba con el recordatorio de la Guerra Fría. La mujer cuenta que los oficiales de frontera la observaban constantemente desde la torre de vigilancia del sector Este, pero que los guardias federales del área Oeste también la monitoreaban.
EL ÍCONO DEL FIN
El 9 de noviembre de 1989, la capital alemana fue testigo de la caída del Muro, pero Moedlareuth tuvo que esperar un mes para que sucediera lo mismo con su pared divisoria.
Más de 20 pueblos de Alemania tuvieron esa experiencia, pero sólo Moedlareuth retuvo parte de su muro, el cual transformaron en su principal atracción turística. A diferencia de otras zonas de frontera del país, aún hay torres de vigilancia, alambres de púas y una placa de la República Democrática Alemana.
Si bien los habitantes del pueblo están juntos otra vez, aún están divididos por asuntos administrativos y sociales. El historiador Robert Lebegern explica que cada sector tiene su propio alcalde y códigos de área y postal. Incluso en el habla hay diferencias. Los de la zona oeste, fuertemente católicos, se saludan diciendo Gruess Gott, una versión abreviada de “que Dios te salude”. En cambio, los habitantes del sector oriental, dicen Guten Tag (“buen día”). -
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