-
AL DÍA
El que llega
por Andrés Repetto - Desde Montevideo | 29.11.09El hombre que obtuvo la presidencia uruguaya es el mismo que combatió en la guerrilla del Movimiento Tupamaro, el mismo que fue Ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, el mismo que fue senador y pasó revista a la tropa que lo apresó y torturó. Pero, ¿es el mismo? ¿Quién es el aclamado “Pepe” Mujica? Andrés Repetto rememora una entrevista mano a mano en su austera chacra de Montevideo, cuando su imagen todavía no había sido amoldada para hacerlo “presidenciable”.
José "Pepe" Mujica trabajando en su chacra de las afueras de Montevideo - APEl 2 de marzo de 2005, justo un día después de la asunción de Tabaré Vázquez como presidente de Uruguay, entrevisté al por entonces flamante ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca José “Pepe” Mujica en su chacra a las afueras de Montevideo.
La entrevista había sido concertada el día anterior y Mujica no tuvo mayores inconvenientes en recibirme, pero me solicitó que lo hiciera a primera hora del día, porque le esperaba una jornada complicada.
Allí estuvimos junto a Alejo Moñino (actual Director Periodístico de Observador Global) cuando el sol todavía no había asomado. Golpeamos nuestras palmas y cuando los perros comenzaron a ladrar, el propio Mujica salió a recibirnos, mate en mano, vistiendo pantuflas y una camisa vieja y arrugada.
Lo primero que nos sorprendió fueron las dimensiones de la chacra. Apenas dos o tres piezas casi sin decoración, con piso de cemento, en un terreno no muy grande por el que deambulaban algunos animales sueltos. Su esposa era su única compañía. Ni guardaespaldas, ni autos lujosos, ni ostentación de ningún tipo. Descubrimos de entrada, al meternos en su casa, que se trataba de un hombre de campo que hacía de la austeridad su estilo de vida.
Sabíamos que ese hombre grande sentado delante nuestro, mate en mano, tenía un pasado increíble que merecía ser contado. Aunque era el hombre fuerte del gobierno de Tabaré no supusimos entonces que casi cinco años después lo veríamos obtener en segunda vuelta la presidencia del país.
Ahora que la imagen de Mujica fue moldeada para hacerlo “candidateable” y así captar el voto de aquellos indecisos que desconfiaban de sus intenciones, queremos recordar algunas de las declaraciones volcadas en aquella charla que duró más de una hora y en la que el “Pepe” transitó por su historia, reflexionó sobre las esperanzas en el gobierno de Tabaré (con quien tuvo luego muchas discrepancias) y se mostró más preocupado por el futuro que por el pasado.
¿Qué pensó y sintió cuando juró en el Parlamento y cuando tuvo que presenciar el desfile militar del mismo batallón que lo capturó y torturó?
En 40 años, pasan muchísimas cosas, las suficientes como para perder el pelo y otras cosas. La vida pasa y de aquel batallón lo único que queda son los trapos y el nombre. Me parece ridículo cobrarle a los trapos y a los nombres. En la vida hay heridas que no te las paga nadie. En la vida hay que cicatrizar y cargar con la mochila de ciertas cicatrices. No se trata de olvidar, se trata vivir con signo positivo, hacia adelante, porque no se vive hacia atrás. Hay un dolor en ciertas imágenes que a uno le pasan por la cabeza, de cierta gente que no está, pero uno no tiene derecho a que ese dolor lo “embozale”. Nosotros nunca fuimos una guerrilla, fuimos un movimiento político con armas, que es una cosa distinta. Priorizamos lo político por encima de las armas, y por eso estamos vivos políticamente.
¿Cómo se hace para pasar de esa austeridad en la vida privada a la función pública, a un gobierno, y que eso se refleje?
Yo soy ministro de un país, pero vivo como un hombre de barrio y así voy a morir. Tenemos la misma ética de nuestros años juveniles: cambiamos el arsenal, los caminos y todo lo demás, pero no cambiamos la ética, porque en definitiva, estamos embarcados en un proyecto que es promover a los más débiles de nuestra sociedad. Tal vez la gente nos quiere por eso.
En nuestro caso, la austeridad no es austeridad, es lucha por la libertad. Los que pierden la libertad son los que se dejan enganchar por la sociedad consumista, porque cuando usted compra algo, no lo hace con plata, lo compra con tiempo de su vida que tuvo que gastar para tener esa plata. Se es libre cuando uno tiene tiempo libre para hacer con su vida lo que se le canta. Cuando usted tiene que salir a pelear la chaucha para los gastos materiales, ya no es un hombre libre o una mujer libre. Es un hombre o una mujer sometido a la ley de la necesidad. Nosotros lo tenemos muy claro. No somos austeros porque tenemos mentalidad de cartujo, somos austeros para tener la mayor cantidad de tiempo disponible para dedicárselo a las cosas que nos motivan, que es una cosa distinta.
Cuando éramos jóvenes, teníamos un problema con el sistema. Nos creíamos que íbamos a transformar el mundo cambiando las relaciones de propiedad y todo lo demás. A tanto cascotazo y tanta cosa que pasó en el mundo, muchas de esas cosas siguen siendo válidas pero son epidérmicas. Si no cambia la cultura, no cambia nada, y si no cambian los valores, no cambia nada. Entonces, hoy nos toca vivir un reproche con la civilización, porque es una civilización mentirosa. Al ser una civilización criada en el “use y tire” y en el hartazgo, no hay para todos, lo cual quiere decir que hay un Tercer y un Cuarto Mundo que están condenados, inevitablemente condenados.
Lo que estoy defendiendo es que el mundo necesita otro orden. No se pueden hacer cosas para descartar, porque lo que estamos descartando es la vida humana. Yo no voy a cambiar esas cosas, tengo 70 años, pero las tengo que dejar titilando. Mientras tanto, hay que dar una pelea con el hombre de la calle, porque esto es una postura filosófica, y al tipo de calle, si no le resolvemos el problema del guiso, no me da pelota. Y si no me da pelota, no hay fuerza política.
Cada pueblo y cada sociedad tienen el derecho a trazarse su camino. Para los latinoamericanos el destino de una nación tiene que ser un principio que nadie debe determinar desde afuera. Eso es concederle al mundo rico el derecho a que se nos meta adentro y resuelva por nosotros. Si los musulmanes tienen un problema con el velo y no les gusta, ¿qué derecho tengo de ir a imponerle a palos mi manera de pensar? Estamos fritos si concedemos eso.Lacalle, el sueño blanco
Nombre: Luis Alberto Lacalle
Edad: 69 años
Partido: Partido Nacional o Blanco
Lema de campaña: "El camino seguro"
Ocupación: abogado
Experiencia: Presidente de Uruguay entre 1990-1995
Familia: Casado con Julia Pou, tres hijos, cuatro nietos
En la otra vereda de José Mujica está el “blanco” Luis Alberto Lacalle, un ex presidente de 69 años que aspira a gobernar nuevamente Uruguay, con la experiencia de un político a la antigua que ha sobrevivido a atentados de guerrilleros urbanos y secuestros durante la dictadura militar.
Su Partido Nacional, de centro derecha, lo nominó candidato presidencial y su aspiración a lograr la segunda vuelta con Mujica logró concretarse.
Lacalle, presidente entre 1990 y 1995, se considera un "duro de matar". En la década del 70 su residencia en el barrio de Pocitos fue atacada con bombas por guerrilleros urbanos tupamaros, según la versión oficial. No hubo heridos.
Durante la dictadura militar, por participar en reuniones políticas, fue detenido y trasladado encapuchado a una cárcel donde estuvo preso ocho días.
En 1978, aún en dictadura, Lacalle y otros dos dirigentes del partido Nacional, recibieron en sus casas botellas de vino envenenado, de la cual no bebió. Cecilia Fontana, esposa del dirigente Mario Heber no tuvo la misma suerte y falleció envenenada.
Lacalle defiende a capa y espada los logros de su administración, pese a algunos signos oscuros de corrupción que hubo en capas bajas de su gobierno. En la campaña proselitista sus rivales políticos de la coalición oficialista hincaron el diente en esas debilidades.
Las propuestas presentadas por el Partido Nacional, al que Lacalle define como "el defensor de lo uruguayo, lo nacional, la soberanía" son las de "seguridad y camino seguro", para las inversiones, la población, el desarrollo y la explotación de nuevos recursos y una política exterior sin vacilaciones ni alineamientos concluyentes.
Según Lacalle en Uruguay "hay dinero en cantidades industriales, dinero nacional, dinero extranjero" pero falta el articulador, "un gobierno que de certidumbres jurídicas, las acentúe, las fortalezca" para dar seguridades al inversor.
Admite que con el candidato oficialista, el tupamaro José Mujica, son muchas las diferencias porque "partimos de bases sustancialmente distintas". Lacalle ha tildado de maoista a su rival y éste le ha respondido que es "libertario".
Lacalle se declara contrario al parlamento del Mercosur, asegurando que si llega a la presidencia Uruguay se retirará. Asimismo, no se entusiasma con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) a la que considera "está languideciendo porque no va a haber demasiado ánimo de darle contenido, otro escenario, otro lugar para conflictos". -
NOTAS RELACIONADAS
- - Uruguay: presente y futuro
- - Uruguay elige presidente
- - Uruguay: Los candidatos
- - Uruguay: 25 años de prisión para un ex dictador
- - Uruguay: El cierre del “Pepe”
- - Uruguay: marcha para anular ley de amnistía
- - Uruguay: último tramo de la campaña presidencial
- - Uruguay: la economía, punto central de la elección
- - Uruguay: Un paso contra la impunidad
- - Uruguay: una ley caduca
- - Uruguay: Inminente triunfo de Mujica
- - El que se va





















