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HISTORIA
El Telón de Acero
por Juan Ignacio Verni | 09.11.09Alemania fue uno de los primeros escenarios en los que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaron por el poder hegemónico mundial. La guerra fría se materializó con el muro que desde 1961 dividió a una Berlín ocupada por las potencias victoriosas tras la derrota del nazismo. Su caída, en 1989, marcó el final de 28 años de tensiones y erigió al capitalismo como el único y gran vencedor de la contienda.
En 1961 la construcción del muro de Berlín sorprendió a los habitantes de la ciudad alemana y modificó sus vidas para siempre.Cuando el 13 de agosto de 1961 el Partido Socialista Unificado de Alemania dio la orden para la construcción de un “Muro de Protección” no sabía realmente que lo que estaba levantando terminaría siendo uno de los símbolos más característicos de la Guerra Fría.
ALEMANIA DIVIDIDA
La Segunda Guerra Mundial había finalizado con la derrota del régimen nazi. Automáticamente, Alemania fue ocupada por las potencias victoriosas: Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la URSS, detentando cada gobierno el poder en una región del país vencido, luego de una ardua discusión en donde se aceptaron las fronteras propuestas por Stalin a cambio que su gobierno pagase toda la destrucción causada por los nazis en Europa del Este. El trato terminaría siendo una carga enorme para la URSS, ya que las fuerzas de producción se encontraban en el occidente alemán y los mayores daños causados por la guerra se habían producido en el Este.
Berlín, a su vez, fue ocupada conjuntamente por los cuatro países aliados, quedando dividida en 4 sectores diferentes, pero dentro de la zona Este en poder soviético. Así, la capital alemana pasó a ser una especie de isla confederada rodeada completamente por territorio soviético.
El plan inicial consistió en gobernar Alemania mediante una administración política conjunta a través del Consejo de Control Aliado; empero, las fricciones entre las potencias del Oeste y la Unión Soviética llevaron a la disolución de dicho organismo en 1947.
CRECEN LAS TENSIONES
A partir de ese año las tensiones entre Occidente y la URSS no pararon de crecer. Estados Unidos comenzó a ver con extrema preocupación cómo progresaba velozmente la política expansionista soviética mediante una gran influencia que derivó en la imposición de gobiernos de facto en varios países de Europa Central y Oriental, y amenazas a la soberanía de Grecia, Turquía, Checoslovaquia y Noruega. El punto más álgido del conflicto se hizo presente cuando la URSS llevó a cabo el Golpe de Praga y el bloqueo comercial a Berlín en 1948, enfrentándose, de esta manera, directamente con las potencias aliadas de Occidente.
El bloqueo tuvo como punto de partida una serie de reformas económicas impulsadas por las naciones occidentales, animadas por las nuevas inversiones que prometía el Plan Marshall. Así, el Oeste aliado se comenzó a separar económicamente de un Este comunista presionado por la pesada carga de la reconstrucción de los países destruidos por el fuego alemán. Como contramedida, en junio de 1948 Stalin ordenó el corte de todos los accesos terrestres hacia Berlín Occidental, zona que quedó rápidamente desabastecida de elementos básicos. El problema prometía ser lo suficientemente duro como para evitar ser absorbidos por la zona comunista, sino se hubiese implementado el “Puente Aéreo”, sistema por el cual los aliados lograron abastecerse de productos por medio de un sistema de aeronaves.
Ante semejante presión, Estados Unidos impulsó una alianza militar de países que se concretó mediante el Tratado de Washington, estableciendo los cimientos para lo que sería la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Para contrarrestar esta alianza, Stalin respondió con el Pacto de Varsovia (1955), similar en sus objetivos a la OTAN, pero integrado por los países del Bloque del Este.
Luego de un año, al ver que el bloqueo económico no tuvo resultado, se decidió levantarlo. Pero los enfrentamientos generados por las políticas divergentes de Estados Unidos y la Unión Soviética habían puesto la situación al límite. Tan solo unos días después del levantamiento del bloqueo comunista las potencias occidentales fundaron oficialmente la RFA (República Federal Alemana) en todos los territorios del oeste alemán que ocupaban, incluyendo Berlín Occidental. A los pocos meses el gobierno soviético respondió con la creación de la RDA (República Democrática Alemana), sumiendo aún más a Berlín en el aislamiento dentro de territorio enemigo.
Así, Alemania quedó dividida en dos grandes zonas: la Occidental en manos de las potencias aliadas, y la Oriental o del Este, en manos de las tropas soviéticas. Berlín, por supuesto, sufrió la misma división política.
PROBLEMAS PARA EL ESTE
El país dio así inicio a una nueva era marcada -y literalmente dividida- por dos pensamientos políticos y económicos radicalmente distintos. El pueblo alemán, sumergido en una atmósfera social que dependía del lugar de residencia de cada persona, vio pronto cómo las posibilidades económicas de la RFA eran mucho más prometedoras que las comunistas. Esto dio comienzo a un significativo éxodo de jóvenes calificados procedentes de la RDA, los cuales decidían establecerse en Occidente, seducidos por las facilidades laborales y la exención del servicio militar.
El éxodo se convertía en un serio problema para los soviéticos, quienes a comienzos de la década del ’60 sufrieron la emigración de unos cincuenta mil jóvenes hacia Berlín occidental, sumando un total de casi tres millones de personas. Dicha situación amenazaba de muerte a la economía de la RDA.
EL MURO Y EL AISLAMIENTO TOTAL DE BERLÍN
La solución se planteó con la ayuda y el consentimiento de Moscú. Así, el 12 de agosto de 1961, sin previo aviso y en tan solo una noche, se levantó el Telón de Acero. El objetivo fue aislar completamente a Berlín occidental sellando todos sus accesos terrestres para evitar que el éxodo de mano de obra calificada siguiese creciendo. Además de la pared, fueron detenidos todos los medios de transporte que unían ambas zonas. El territorio aliado quedó completamente encerrado, y el flujo de personas prohibido salvo “requisitos especiales”.
El gobierno de la Alemania soviética argumentó que se trataba de un “muro de protección antifascista” construido para protegerse de las agresiones políticas y el espionaje de sus vecinos junto con sus socios de la OTAN. Occidente pudo hacer poco y nada para evitar el aislamiento: Kennedy declaró que sólo podía tomar acciones militares si Kruschev actuaba sobre Berlín Oeste; y que nada podía hacer sobre lo que se construyera en el Este.
Fueron más de 120 kilómetros totales (45 en la ciudad de Berlín) que separaron no sólo dos concepciones políticas, sino a familias enteras. Los alemanes orientales no recibieron la noticia con agrado; se produjeron manifestaciones y más de 4.000 personas fueron detenidas. En Occidente también protestaron contra el totalitarismo comunista, bautizando al muro como el “Muro de la Vergüenza”.
Las posteriores políticas de aproximación entre las potencias en pugna no ofrecieron resultados concretos más que la aceleración de algunos permisos de viajes para que determinadas personas pudiesen acceder al otro lado de la frontera para realizar trámites específicos.
SU CAÍDA
El Muro llegó a su final 28 años después de su construcción, como consecuencia de los reclamos constantes de las potencias occidentales y de las nuevas políticas que trajo la llegada al poder de Mijail Gorbachov, quien, atento a los pedidos de una sociedad que reclamaba cambios, decidió terminar con la intervención política y expansionista en los países de Europa del Este.
El modelo soviético en Berlín se encontraba ya debilitado, condenado por las alianzas de los países occidentales y la supremacía económica de Estados Unidos. La reestructuración política de Gorbachov tuvo como eje reconocer, después de dos décadas, que todos los alemanes tenían derecho a viajar y expresarse cómo y en dónde ellos decidiesen.
Así, el 9 de noviembre de 1989 la República Democrática Alemana anunció improvisadamente que ya se podían atravesar las fronteras sin ningún tipo de requisito. Las posteriores y famosas imágenes de los propios alemanes derribando el muro fueron mostradas por Occidente como símbolo de libertad y representando la derrota del comunismo.
El modelo soviético había fracasado y la caída del Muro de Berlín significó la victoria radical del capitalismo sobre el modelo comunista. Dos ideales que estuvieron en pugna por años, y cuyas tensiones (que asombrosamente no desembocaron en un conflicto armado) tuvieron como escenario a Berlín.
Durante la existencia del Muro murieron 192 personas al intentar cruzarlo, y otras 200 resultaron heridas. Hubo 5000 fugas registradas y cientos terminaron presos al ser descubiertos.
Hoy en día sólo algunos vestigios de lo que fue el Telón de Acero decoran Berlín. Los suficientes como para recordarle al mundo entero hasta qué punto de disgregación política y social se puede llegar cuando se enfrentan modelos sostenidos más por la amenaza bélica que por la discusión pacífica de las ideas que los componen. -























