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CONFINES
El Tigris busca su esplendor
14.10.09Ahora que la seguridad creció y ya no flotan cadáveres en sus aguas, el río Tigris, en Irak, recupera lentamente su romanticismo de antaño. Hombres en bermudas se refrescan en él, parejas pasean en botes, ancianos recorren sus playas y los más enamorados se embarcan en pequeños cruceros nocturnos, atreviéndose a robarse un beso en la oscuridad, en desafío a las tradiciones conservadoras de Bagdad.
El río Tigris, que cruza la ciudad de Bagdad, recupera su romanticismo - APDurante los peores años tras la invasión de Estados Unidos, en especial entre el 2006 y el 2007, el río Tigris, que cruza la ciudad de Bagdad, fue una línea demarcatoria que separaba a los sunitas, en la ribera occidental, de los chiítas, en la oriental. Por las aguas del río, cuyo nombre siempre ha evocado la poesía y el amor, flotaban los cadáveres que arrojaban los escuadrones de la muerte.
Hoy que la violencia ha mermado, cada vez más residentes de la capital dejan de lado los malos recuerdos y vuelven al río, su viejo amigo.
En la ciudad todavía estallan bombas y mucha gente vive asustada.
"No tengas miedo", le dice Nasser a un amigo que no se anima a tomar su embarcación para dar un paseo en el distrito de Azamiyah. "Hay bombas y explosiones en las calles. Disfruta mientras puedes. ¿Quién sabe lo que pasará mañana?", agrega un hombre llamado Nasser.
Los parques junto al río están llenos de familias hasta entrada la noche. Muchachos jóvenes cantan y bailan al compás de tambores, mirando de reojo a las chicas.
También regresaron los pescadores, que fueron muy afectados hace tres años cuando circuló el rumor de que los clérigos habían prohibido el consumo de pescado del Tigris porque se alimentaban de carne humana.
"Fueron tiempos horribles", afirmó Fuad Shaker, un fotógrafo de 65 años que pasó buena parte de su vida sacando fotos en blanco y negro en el río. "Cada vez que veo el río, pienso en los pescadores y en mi niñez, pero también en todo el sufrimiento que padecimos", manifestó Shaker, quien exhibe sus fotos en una muestra llamada "Recuerdos de una ciudad y de un río".
Tigris es el nombre con que se conoce al río en Occidente, el que le dieron los persas y los griegos. Los iraquíes lo llaman Dijlah. El Viejo Testamento le dice Hiddekel.
Se dice que el Tigris fue lo que inspiró a un gobernante musulmán de hace 1.200 años a que construyese en sus riberas una ciudad llamada a ser la capital de su joven imperio, la que hoy se conoce como Bagdad. Y fue el río, según la leyenda, el que sufrió las consecuencias de la invasión de los mongoles en el siglo XIII. Empeñados en eliminar todo rastro de la dinastía Abbasid, cubrieron sus aguas con cadáveres y libros.
La salud del Tigris, y también la del Eufrates, el otro río bíblico que cruza Irak, está ligada a la economía del país. Represas construidas en Turquía y Siria redujeron la cantidad de agua que recorre el tramo iraquí del río (unos 1.200 kilómetros). Una sequía agravó la escasez de agua y obligó a importar alimentos que el país producía en el pasado.
La escasez de agua se hace evidente en las islas barrosas que hay a lo largo de los 11 kilómetros de recorrido sinuoso por Bagdad, donde el río tiene sectores con un ancho de 200 metros.
La guerra y las sanciones internacionales que hubo durante el gobierno de Saddam Hussein contribuyeron a contaminar las aguas, ya de por sí muy sucias porque allí desembocan las cloacas y la red de alcantarillas. Las aguas residuales y los desechos industriales llegan sin tratamiento pues los sistemas de drenaje y de limpieza están dañados o desatendidos.
El río suministra toda el agua que se consume en Bagdad. Por más que el agua sea purificada, mucha gente la hierve antes de usarla.
George Friedoun, de 64 años, arreglaba acondicionadores de aire. Ahora que se jubiló, pasa horas pescando en el Tigrs. En un día muy caluroso, delante suyo pasaron latas de gaseosas, bandejas de comidas y botellas de plástico. En la ribera se observaba una manguera negra, cajas de cigarrillos vacías, barras de hierro y botellas de licor vacías. "¿Qué piensa la gente?", dice Friedoun indignado. "Bebemos de esta agua. ¿Por qué tiran basura?".
"El Tigris da lástima hoy en día", se lamentó Manal Mahmoud, una maestra de 42 años mientras disfruta de un picnic con su esposo y sus cuatro hijos a la vera del río.
Qassim al-Sabti, un pintor que se crió en Azamiyah, dijo que hasta hace poco había frutales y chozas hechas con palmas para dar sombra. "El Tigris siempre fue el pulmón de la ciudad", agrega.
El recuerdo de los cadáveres flotantes, algunos mutilados, otros con balazos en la cabeza, sigue presente.
El pescador Majeed Hamza dice que en los peores momentos se topaba con cuatro o cinco cadáveres todos los días.
"Pero nunca dejé de trabajar en el río. El agua es adictiva". -
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