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OBSERVADORES
Hambre y sequía en Kenia
por Justo Casal - Desde Kenia | 14.04.09Mientras su clase política pelea por espacios de poder en un gobierno de coalición formado a la fuerza tras la muerte de 1.500 personas, Kenia atraviesa uno de los peores momentos de su historia. Sequía, hambre, altas temperaturas y el temor de que la inestabilidad de la región trasponga sus fronteras.
Muchos dependen de la ayuda humanitaria para comer en Kenia (Foto Justo Casal)Hasta hace sólo dos años, Kenia era uno de los países más estables de la región del África sub-sahariana. Sus casi 40 millones de habitantes vivían en una relativa calma, agrupados en 42 tribus. Sin embargo, los enfrentamientos suscitados como consecuencia del resultado de las elecciones presidenciales de 2007, dejaron al país entero en llamas, causando 1.500 muertes y alrededor de 400.000 desplazados internos.
La crisis se desató cuando el primer ministro de Kenia –entonces líder de la oposición- acusara al presidente del país, Mwai Kibaki de fraguar su victoria en las elecciones generales de diciembre de 2007. Para evitar que el país se viera sumergido en un conflicto étnico como los de Ruanda y Darfur, el ex Secretario de las Naciones Unidas, Kofi Annan actuó como mediador para reinstaurar la paz y la seguridad en Kenia, que por primera vez desde su independencia en 1963 atravesaba momentos de semejante violencia.
Como resultado de esta mediación los partidos políticos de Kibaki y Odinga, se fusionaron en un nuevo partido al que se llamó la ‘Gran Coalición’ y que tiene como presidente a Kibaki y a Raila Odinga como primer ministro. A un año de este conflicto, la Gran Coalición frenó el derramamiento de sangre pero la gente ya la llama la “Gran Decepción” porque en lugar de consolidarse en un único gobierno que trabaje por el bienestar de la nación, funciona como dos gobiernos paralelos que sólo buscan su propio interés.
“Ahora estamos alimentando a dos diferentes gobiernos con nuestros impuestos, y a nosotros nunca nos llega nada”, comenta un taxista kikuyu, de la misma etnia que el presidente. “Ni Odinga ni Kibaki están pensando en el desarrollo de los kenianos”, concluyó enojado.
UN PAÍS SECO Y HAMBRIENTO
Al clima político que vive el país, en Kenia se suma una feroz sequía tras tres temporadas sin lluvias. El 10 por ciento de la población está pasando hambre y todo empeora día a día con la peor sequía desde 1996. El turismo, pilar fundamental para la economía del país, cayó un 30% respecto al año pasado.
En el distrito de Rumuti, en el centro de Kenya, más de 200 familias quedaron al borde del hambre luego de que los elefantes que rondan el Parque Nacional de Aberdares destrozaran sus reservas de comida y que un brote de aftosa haya provocado la clausura del mercado local de ganado.
En otras partes del país la situación es también alarmante. En el Parque Nacional de Amboseli, al suroeste de Kenia en el límite con Tanzania, la tribu Maasai pierde docenas de vacas y cabras a diario por ataques de elefantes que –como resultado de la sequía- luchan por adueñarse de los pocos espacios verdes que quedan en el parque. Al no haber ganado disponible para comercializar, los pastores Maasai no tienen medios para pagar la matrícula de la escuela de sus hijos, ni para comprar los alimentos básicos.
El presidente Kibaki declaró la situación como “estado de emergencia”, y solicitó ayuda a la comunidad internacional para abastecer a un país al borde de la inanición. Si bien las agencias humanitarias temen que el dinero donado no sea empleado adecuadamente, se han comprometido a proveer alimentos para unas 3 millones de personas alrededor de Kenya. Entre el 18 y el 30% de los niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda, y de estos, el 15% necesita ayuda médica urgente.
LA “SENSACIÓN” DE INSEGURIDAD
Los problemas de Kenia se ven agravados con el incesante conflicto que atraviesa la vecina Somalia y que crea en el país un sentido de inseguridad e inestabilidad.
El campo de refugiados de Dadaab, localizado en el este de Kenya a 80 kilómetros de la frontera con Somalia, cuenta hoy con una superpoblación de más de 120.000 refugiados. Inicialmente el campo de Dadaab fue construido en 1991, luego de que el gobierno de Siad Barre colapsara, para albergar un total de 90,000 refugiados.
Sin embargo -debido a los enfrentamientos entre el gobierno y el grupo Islámico Al Shabaam, aliados de la red Al Qaeda liderada por Osama Bin Laden- el total de desplazados hoy en día ya alcanzó los 230.000.
Los planes de la oficina del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Kenia para construir un nuevo campo de refugiados en el noreste, fueron rechazados por la administración provincial del noreste Keniano. Según la Representante de ACNUR en Kenia, Liz Ahua, “las condiciones en el campo de Dadaab son paupérrimas y los refugiados, entre ellos menores y ancianos, corren el riesgo de que sus condiciones de salud empeoren drásticamente en los próximos meses.”
Kenia ya no es el país que era. Hoy el promedio de vida es de 57 años. Muchos kenianos viven al límite de la sobrevivencia, esperando que su gobierno deje de pelear y se ocupe activamente de proteger a su población. -
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