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CONFINES
Irak, el país de las mujeres solas
23.10.10Décadas de guerra acabaron con un alto porcentaje de la población masculina, lo cual dejó a miles de solteras sin posibilidad de casarse. En una sociedad tan conservadora, no contraer nupcias las pone en una situación de desventaja y desprotección, y aunque algunas prefieran romper con los estereotipos, conforman un segmento social particularmente golpeado en un país afectado por el conflicto armado.
Los problemas que sufren las solteras reciben poca atención porque el Gobierno se centra en ayudar a las centenares de miles de viudas de guerra - APSolamente una de las seis hermanas de Nidal Haidar está casada. Ella ya perdió las esperanzas de encontrar un hombre. "Nuestras oportunidades de encontrar esposos disminuyen a medida que envejecemos", lamenta Haidar, una modista de 38 años de Bagdad. "Yo tengo una edad en la que cualquiera que me proponga matrimonio va a ser un viudo o muy, muy viejo, pero nadie realmente me lo pidió, ya que todos los hombres ahora están buscando una novia joven o rica".
La guerra tuvo muchos costos ocultos para los iraquíes. Uno, que pocos fuera de Irak podrían notar o siquiera considerar un problema significativo, es que muchas mujeres siguen solteras con más de 30 años, luego de siete años de una guerra sangrienta que hizo más difícil el matrimonio al matar a muchos hombres jóvenes y destruir las redes sociales.
En una sociedad conservadora como Irak, se espera que las mujeres se casen jóvenes. Aquellas que pasan los 30 y siguen solteras deben enfrentar poderosos estigmas sociales y viven bajo estrictas limitaciones. Generalmente, deben continuar viviendo con sus padres u otros familiares. Si no son ricas, educadas ni tienen trabajo, a menudo se ven reducidas por sus familias a la servidumbre: limpiar, lavar, cocinar y cuidar a niños pequeños. Las oportunidades de trabajo tampoco sobran.
Las mujeres solteras a menudo son consideradas vulnerables, sin la protección de un esposo. Algunas jamás dejan sus casas. "Yo me paso todo el día en casa. Raramente salgo", expresa Haidar en un susurro, para que no la oiga una clienta que fue a su casa a recoger un vestido.
LOS DAÑOS COLATERALES DE LA GUERRA
Haidar, que terminó la escuela secundaria, al menos puede ganarse la vida con su negocio. Ella y sus hermanas solteras —de 23 a 40 años— viven con sus padres en Ciudad Sadr, un distrito chiíta en el este de Bagdad que fue escenario de algunos de los más intensos combates callejeros de la guerra. "Los últimos siete años de guerra mataron cualquier oportunidad que yo tenía de casarme", sentencia. "Ya no pienso en el matrimonio".
Ser mujer, soltera y mayor de 30 años era ya común a causa de las décadas de conflictos en el país, incluida la guerra con Irán en los ochenta. Entonces, además de los jóvenes muertos en combate, centenares de miles de iraquíes —muchos de ellos en edad de conscripción— huyeron del país. Además, los atentados suicidas, los asesinatos sectarios, escuadrones de muerte y tiroteos destruyeron las redes de contactos sociales. La gente temía salir de su casa, por lo que los jóvenes tenían pocas oportunidades de conocer a potenciales parejas. Las visitas familiares, tradicionalmente una oportunidad para que los hombres conocieran a futuras esposas, se hicieron poco frecuentes a causa de la violencia.
Los choques entre chiítas y sunitas significan además que los matrimonios entre miembros de sectas distintas son mucho menos frecuentes. Los problemas económicos también dejaron a muchos jóvenes imposibilitados de costear los fuertes gastos que tradicionalmente implica un matrimonio, incluidos los de comprar o alquilar y amoblar una vivienda.
Soltera y desempleada, Fayhaa Jalil, de 39 años, vive con su hermano y su familia en el barrio de Yijad, en el occidente de Bagdad. "Mi cuñada me acosa y me trata como una sirvienta", acusa Jalil. Si bien aún sueña con tener su propia familia, se considera "realista". En su calle, solamente unas 50 casas están ocupadas. Todo el mundo huyó de la violencia chiíta-sunita. "¿Quién va a verme si no tengo vecinos?", lamenta Jalin. "Guerras, violencia y sectarismo son la causa de mi sufrimiento... No existen lugares públicos apropiados en los que alguien como yo pueda conocer a alguien y, eventualmente, casarse".
CIUDADANAS DE SEGUNDA
Jinan Mubarak, jefa de una importante organización femenina no gubernamental en Bagdad, explica que los problemas que sufren las solteras reciben poca atención porque el Gobierno se centra en ayudar a las centenares de miles de viudas de guerra. "Estas mujeres son hostigadas constantemente en sus trabajos y en sus casas por ser consideradas vulnerables", informa Mubarak. "Además, son explotadas por sus familias".
Activistas por los derechos de las mujeres debaten públicamente posibles soluciones para promover los matrimonios, como que el Gobierno ofrezca incentivos en efectivo a los hombres dispuestos a casarse con mujeres de más edad o a tomar segundas esposas, algo permitido bajo las leyes islámicas. Mubarak respalda con cautela una propuesta para que se le pague a los hombres que se casen con una mujer mayor de 35 años, pero admite que la medida tendría sus riesgos para las mujeres. "No son mercancías para la venta", aclara. "Debe haber garantías de buenas intenciones, de parte de los hombres, si vamos a permitir que eso suceda".
Para alentar los matrimonios en tiempos de dificultades económicas, las autoridades y algunas organizaciones caritativas a menudo organizan bodas colectivas gratis para parejas que no pueden pagar fiestas privadas y les ofrecen regalos de casamiento, como dinero o electrodomésticos. Pero otra activista, Hanaa Aduar, no cree que estos gestos resuelvan los problemas centrales de las mujeres solteras. "La solución real es la seguridad, la reactivación de la economía y la reducción del desempleo", expone, y ellas deben "recibir el entrenamiento vocacional, para comenzar a ganarse la vida, y ayuda para iniciar proyectos pequeños e integrarse a la sociedad", concluye.
Otras rechazan el estigma social y le dan más importancia a las carreras que al matrimonio. Lina Hamid Alí, una profesora universitaria de inglés en Bagdad, es una de ellas. "Prefiero una carrera exitosa antes que un matrimonio que no funciona", dijo de manera categórica. "En mi trabajo, mis esfuerzos son recibidos con gratitud, pero entregarse en el matrimonio no siempre tiene recompensa", explica Alí, una chiíta que rechazó tres propuestas matrimoniales porque los hombres no eran de su secta.
"Me duele cuando mis familiares me preguntan una y otra vez por qué no estoy casada o me culpan por rechazar propuestas", confiesa Alí. "Esa es la mentalidad estrecha de nuestras sociedades orientales".
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