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AL DÍA
Piratas, el desafío de Occidente
por Andrés Repetto | 16.04.09Los ataques de los piratas somalíes pusieron en alerta a las potencias que históricamente barrían bajo la alfombra los problemas africanos. El reclamo de aguas más seguras y la preocupación por los buques millonarios que navegan las aguas de los mares Índico y Arábigo, esconden un problema profundo que no se solucionará mediante la fuerza.
EE.UU. reforzó la seguridad en aguas de Somalia para proteger a sus buques de los piratas - APEn los últimos meses, la prensa internacional enfocó su atención en lo que sucede varias millas mar adentro, frente a las costas del cuerno de África. Los secuestros cada vez más audaces por parte de los piratas somalíes, llevaron a que el número de países obligados a intervenir directamente se multiplique de manera dramática. Rusia, India, Francia, China, Estados Unidos, Australia, son algunas de las naciones que enviaron a sus buques de guerra para enfrentar a combatientes que no parecen llegados de Somalia, sino del túnel del tiempo.
El secuestro de un súper petrolero, cuya carga estaba valuada en millones de dólares, disparó la alarma entre las potencias occidentales. Cuando el mundo era sorprendido por uno de estos ataques con toma de rehenes, otro secuestro aun más increíble era llevado adelante por los piratas en paralelo. La modalidad parece ser casi siempre la misma. Estas bandas no atacan desde grandes barcos, sino desde lanchas rápidas, más veloces que los súper tanques. La sola amenaza de hundirlos con sus cohetes les asegura, en la mayoría de los casos, el botín. Detrás de las lanchas de los piratas suelen estar los barcos “madre”, y además estos grupos reciben apoyo logístico desde tierra.
Pero detrás del golpe a grandes compañías internacionales o países con más recursos que Somalia se esconde otra realidad. El robo de los alimentos, fundamentales para la vida de millones de personas no solo en Somalia sino en varios países de África, que el programa mundial de alimentos envía por mar y que en ocasiones son saqueados por los piratas. Robin Lodge, portavoz de esta organización internacional dejó en claro la dura realidad que se vive en la región desde que los piratas aumentaron sus ataques: “ Los barcos que actualmente van a Somalia, están custodiados, pero no es factible que todos los buques tengan custodia siempre, por el simple hecho de que no hay suficientes barcos de guerra”.
Con simples lanchas y un armamento suficientemente poderoso para abordar los grandes buques, pero muy por debajo de la media de cualquiera de las flotas de guerra que operan por estos días en la región, los piratas pusieron al descubierto las falencias de las grandes potencias. Los ataques de los últimos días -que por su cantidad ya deben contabilizarse por hora-, demostraron que la solución no pasa solo por el envío de más barcos de guerra. Como sucede en otras regiones del mundo está a la vista que poseer un mayor poderío militar no significa tener la victoria asegurada. Es el caso de lo que ocurre en Irak o Afganistán.
Los países más poderosos de la Tierra no pueden con estos piratas. Hombres que gracias a la indiferencia de los últimos años hacia esta región y la inestable situación caótica que reina en Somalia están cobrando rescates millonarios, recibiendo este financiamiento que los dota cada vez de más recursos a ellos y a sus socios globales como la red Al Qaeda.
Los saqueos continúan, los barcos acorazados comienzan a acumularse frente al cuerno de África, pretendiendo dar seguridad, pero muchos saben que esta no es la solución. Detrás de los piratas está el desgobierno, no solo de un país como Somalia sino de gran parte de un continente saqueado, olvidado y dejado a su suerte. Problemas evitados por años, a los que no se les buscó solución, como quien quiere ocultar el sol con la mano. En el Pentágono ahora se escuchan las voces de quienes pretenden bombardear los campamentos de los piratas para terminar de raíz con el problema. Una salida que no va al fondo de los problemas ni garantiza que la actual situación se modifique.
Por el mar o desde el aire, ninguna nación parece dispuesta a involucrase aún más directamente en este conflicto armado. Las fuerzas armadas de todos los países que están operando en la región, en especial Estados Unidos, tienen muy fresca la imagen del cadáver desnudo de un ranger arrastrado por las calles de la capital Mogadiscio por una multitud, exhibido como trofeo tras el fracaso de la intervención estadounidense en el país en 1993. Una operación que duró pocos segundos pero que bastó para que en su primera presidencia Bill Clinton decidiera retirar a sus hombres de aquel infierno llamado Somalia.
Los “desafíos de Occidente”, citando las palabras del presidente estadounidense Barack Obama, parecen ser más de uno y estallan a cada instante. La experiencia de Afganistán o Irak, muestran claramente que no es solo cuestión de usar la fuerza. -
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