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OBSERVADORES
Rumanos en la mira
por Marcelo J. Moreau - desde Gran Bretaña | 21.06.09Aunque Irlanda del Norte logró pacificarse tras años de violencia entre católicos y protestantes, una nueva amenaza surge en forma de xenofobia. Los rumanos, que llegaron al país gracias a la paz en la región y la libre circulación entre los países europeos, comenzaron a sufrir violentos ataques de intolerantes que los obligaron a refugiarse en iglesias. Los racistas se organizan cada vez más preocupando al gobierno y muchos analistas temen que esa fuerza violenta sea aprovechada por organizaciones neonazis.
Ante los ataques a sus casas, muchos rumanos que viven en Irlanda del Norte optaron por refugiarse en una iglesia - APSon más de 100 inmigrantes rumanos y se encuentran alojados en domicilios secretos de Irlanda del Norte. Como si fueran parte de algún programa de protección de informantes o testigos de un juicio contra la mafia, estas 20 familias de la minoría roma (gitanos) esperan un futuro incierto. La mayoría quiere regresar a Rumania, pero por el momento ni su propio gobierno les ha dado garantías de que podrá repatriarlos. Mientras tanto, este sábado dos adolescentes de 15 y 16 años fueron los primeros acusados de estos hechos que le han granjeado a Belfast el sobrenombre de capital del racismo de Europa.
Las zonas sur y este de Belfast se están convirtiendo en una virtual “no go area” para inmigrantes. Desde que comenzó a llevarse un registro de ataques racistas en 1996 ha habido un constante aumento de denuncias que pasaron de 41 ese año a 453 en 2004 y más de mil en 2008: de este total, 169 ocurrieron en estos enclaves protestantes de la capital.
El jueves 11 de junio la policía recibió la primera denuncia de un ataque contra la casa de una familia rumana en la Calle Lisburn de la zona sur. Las piedras arrojadas contra esta casa fueron el puntapié inicial de lo que se convirtió en una ofensiva concertada contra los inmigrantes rumanos durante todo el fin de semana.
El lunes 15 de junio cientos de vecinos solidarios y organizaciones antiracistas se manifestaron contra estos ataques. La manifestación fue atacada por bandas juveniles que les arrojaron botellas y los amenazaron de muerte. Un día más tarde las imágenes de madres y niños buscando refugio en pleno Belfast empezaron a recorrer el Reino Unido y el mundo. Los rumanos fueron finalmente alojados por la noche en una iglesia y a la mañana siguiente fueron trasladados primero a un centro de recreación y luego a domicilios secretos.
NO SE ACERQUEN AL “VILLAGE”
Un barrio en especial se destaca en esta batalla: el “Village”. Este vecindario es un enclave protestante pobre, una suerte de cuña desamparada y violenta estancada entre una carretera y los confines de un predio universitario. En el “Village” se percibe la influencia de “C18” (Combat 18), un grupo de extrema derecha vinculado al British National Party y a las bandas de “hooligans” que aprovechan el fútbol para ejercicios de exaltación patriótica y tribal. Uno de los mensajes de Combat 18 que circuló por texto y mail en una rima racista intraducible al castellano reza lo siguiente: “Gitanos rumanos tengan cuidado, los lealistas del C18 les vamos a partir la cabeza, no se aparezcan por Belfast Sur, no se dejen ver, agarren sus botes y no vuelvan mas”.
Los “lealistas” aludidos son los grupos más duros protestantes de clase trabajadora que participaron del largo conflicto entre católicos y protestantes. Con los acuerdos de paz de semana santa de 1998 y 10 años más de marchas y contramarchas, la provincia ha logrado pacificarse llegando a formar un gobierno de coalición impensable hace sólo un par de años entre los sectores más intransigentes del conflicto (el Sinn Fein-IRA y los unionistas).
Este proceso de paz sumado a la libre circulación que permitió la incorporación de naciones del este europeo a la Unión Europea en los últimos cinco años, facilitaron esta nueva ola inmigratoria que se añadió a las comunidades chinas, indias y paquistaníes establecidas décadas atrás.
El “Village” y otras zonas de Belfast sur recibieron a muchos de estos nuevos inmigrantes. Acostumbrados a décadas de intransigencia con el otro y criados en la dinámica de las bandas juveniles violentas anticatólicas, los enfrentamientos con los recién llegados tuvieron algo de inevitable. Los gitanos rumanos no han sido los únicos. Este año húngaros, lituanos, eslovacos y polacos han tenido que abandonar la zona debido al continuo acoso racista. En abril unos 46 polacos huyeron de sus hogares debido a los ataques perpetrados por bandas juveniles lealistas luego de batallas campales con hinchas polacos en el partido de Irlanda del Norte y Polonia por la clasificación a la copa del mundo en Sudáfrica.
LA REACCIÓN ANTIRACISTA
Estos ataques en particular tocaron un nervio muy sensible en Irlanda del Norte porque recordaron la persecución sufrida por católicos en los años 60 que dio origen a un conflicto que dejó un saldo de casi tres mil muertos. El primer ministro de la provincia, Geoffrey Robertson (protestante) y su viceprimer ministro, Martin Mc Guinnes (católico, ex IRA), se mostraron juntos para condenar los hechos. “Necesitamos un esfuerzo colectivo para enfrentar a estos criminales que están atacando a niños y mujeres”, dijo Mc Guinnes.
La crisis económica es un factor, pero según muchos especialistas en el tema, la larga historia de intolerancia de la provincia está jugando un papel determinante. Neil Jarman del Instituto de Investigación del Conflicto en Belfast ha estado a cargo de varios estudios sobre racismo en Irlanda del Norte. “Hay un racismo que existe en todos lados, al que acá se suma un sectarismo que ha creado una subcultura que legitimiza el ataque contra cualquiera que sea diferente. Estos rumanos, objeto de ataque en otras partes de Europa, son un blanco fácil porque no tienen ningún tipo de protección”, dijo Jarman a la BBC.
Otro académico, Peter Shirlow, de la Facultad de Derecho de la Universidad Queens en Belfast, matiza este juicio destacando los avances que se registraron en los últimos años. “En los partidos de fútbol se solía abuchear a los jugadores negros. Esto ya no sucede. Tenemos inmigrantes de segunda y tercera generación que se sienten integrados acá. Pero es un problema serio que si no solucionamos puede agravarse”, dijo.
Una clara señal de la seriedad del problema son los ataques que están sufriendo los mismos norirlandeses que se solidarizaron con los rumanos. La policía interceptó mensajes de texto que llamaban a incendiar el hogar de Paddy Meehan, uno de los organizadores de la manifestación del lunes 15 de junio contra los ataques. Incluso entre protestantes que condenaron la violencia contra los rumanos no hay mucha simpatía hacia ellos. “No se puede andar por ningún lado sin que aparezca uno de ellos pidiendo dinero. No me importan los polacos y eslovacos porque vienen a trabajar y trabajan mucho mas que la gente de acá, pero creo que sería mejor para todos si los rumanos vuelven a sus país”, señaló a la prensa, Dereck Orr, un elegante hombre de negocios que no responde al estereotipo del lumpen protestante.
Curiosamente todo esto se produce en momentos en que los remanentes de tres organizaciones lealistas han comenzado el proceso de desarme. Una fuente anónima de uno de estos grupos dijo a “The Observer” que uno de los grandes peligros es el vacío político que van a dejar a organizaciones más extremistas. “Tenemos una delicada tarea en nuestras manos. Tenemos que convencer a toda una generación que creció viéndonos a nosotros en armas, que la violencia no resuelve nada. Los grupos que estamos viendo ahora no están muy bien organizados. El peligro es que los terminen reclutando grupos neonazis”.EEUU: racismo y violencia en ascensoGolpear al diferente es un delito de baja penalidad en los Estados Unidos. Dos adolescentes de Pensilvania fueron declarados culpables de golpear y matar a un inmigrante mexicano. El cargo que se les imputó fue agresión simple, la pena: seis meses de prisión.
El juez del condado de Schuylkill, William Baldwin, decidió exonerar a Brandon Piekarsky, de 17 años, y Derrick Donchak, de 19, de los cargos más graves que se les imputaban por la golpiza fatal que le dieron a Luis Ramírez el 12 de julio del 2008, en el pueblo de Shenandoah.
Piekarsky fue sentenciado a entre seis y 23 meses de prisión, mientras que Donchak, convicto también por corrupción de menores y un delito relacionado con el consumo de licor, fue condenado a entre siete y 23 meses de cárcel. Ambos adolescentes fueron declarados inocentes de intimidación por motivos étnicos y ambos permanecerán libres bajo fianza mientras analizan si presentan una apelación.
Al sentenciarlos, el juez explicó que no podía considerar la muerte de Ramírez, ni la incidencia que pudo tener su origen étnico en el ataque, porque Piekarsky y Donchak fueron exonerados de esos cargos.
Los fiscales dijeron que Ramírez fue víctima de una banda de adolescentes blancos borrachos que no estaban contentos con la llegada de inmigrantes hispanos a su pueblo. Para los abogados defensores de los acusados, Ramírez, de 25 años, fue quien inició el ataque.
El veredicto del jurado enfureció a líderes hispanos y a grupos pro derechos civiles. Junto con el gobernador Ed Rendell, esos grupos han presionado al Departamento de Justicia para que interponga cargos relacionados con derechos civiles, contra los adolescentes. En una carta al secretario federal de Justicia, Eric Holder, Rendell consideró el ataque "insensato y cobarde".De acuerdo con los fiscales, Piekarsky le dio una patada mortal en la cabeza a Ramírez, quien estaba inconsciente por el golpe de otro joven. Donchak habría golpeado a Ramírez mientras sujetaba en la mano un pequeño trozo de metal, para dar más fuerza a su puñetazo.
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