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    Sobrevivir al 11-S

    Comentarios (3)
    por Andrés Repetto | 11.09.09
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    Laurent Castro trabajaba en la Torre Sur del World Trade Center. La mañana del 11 de septiembre de 2001 estaba en su oficina cuando sintió un violento impacto en la Torre Norte. Al mirar por la ventana y observar miles de papeles volando creyó que se trataba de un evento publicitario. A los pocos minutos él y sus compañeros vieron caer los primeros cuerpos de quienes, desesperados, se arrojaban al vacío. Entonces el impacto se sintió en su torre, a solo 15 pisos por encima de su cabeza. Ocho años tardó en poder contar lo que le tocó vivir. Ocho años le llevó poder ver las imágenes de aquel día trágico. Ocho años para romper el silencio y recordar cómo escapó milagrosamente del infierno. Una entrevista exclusiva de Observador Global.

    Imagen de Sobrevivir al 11-S
    Laurent Castro muestra una remera con los nombres de todos sus compañeros muertos el 11 de septiembre de 2001.

    El 11 de septiembre de 2001, Laurent Castro se levantó como todos los días y fue a trabajar a la Torre Sur del World Trade Center. Llegó a las 6.30 y se sentó en su puesto sin saber que esa mañana su vida iba a cambiar. Hoy, después de ocho años de silencio, Laurent puede hablar de lo que pasó en el interior de las Torres Gemelas y cómo se vivieron los ataques por dentro.

    Ocho años de silencio. Muchas preguntas sin respuesta y el testimonio imperdible de un hombre que sintió en carne propia lo que el mundo miraba por televisión.

    ¿En qué año te mudaste a Estados Unidos?
    Yo trabajaba en una empresa desde Buenos Aires para Inglaterra y me trasladaron a Nueva York para sumarme al equipo de finanzas en intermediación de bonos. En el año 1998, nos mudaron a las Torres. Fuimos a la Torre Uno al piso 25, y después, la empresa compró otro piso en la Torre Dos, el piso 55. A mí me trasladaron a ese edificio.

    ¿Cómo fue para vos la mañana del 11 de septiembre?
    Fue una mañana igual que cualquier otra. Me levanté a las seis de la mañana, llegué a las seis y media a trabajar. Fue un día más... hasta que llegó el sacudón.

    ¿Cómo te enteraste del impacto del primer avión en la Torre Uno ?
    Me acuerdo patente de una chica que trabajaba en la mesa de al lado que operaba en otros productos, una chica oriental llamada Michelle. Me acuerdo de su cara desencajada gritando “¡bomba, bomba, bomba!”, y yo vi caer cosas del cielo. Pensé que era una promoción, algún tipo de tirada de panfletos, y después empezaron a caer computadoras, gente, y ahí ya me di cuenta de que algo había pasado. Decidimos evacuar. Bajé por las escaleras hasta el piso 44 y me acuerdo que una persona de seguridad -un negro grandote con un blazer con el escudito de la empresa- me dijo: “no se preocupe, que es un accidente en la torre de al lado. El edificio está seguro”, y ahí tomé la decisión de volver a mi piso. Me tomé el ascensor y volví. Me quedé mirando por la ventana las cosas que caían de la otra torre.

    ¿Cuántos pisos más arriba de tu oficina impactó el avión en la Torre Dos ?
    Yo estaba en el piso 55 y el avión calculo que golpeó 15 pisos arriba de donde yo estaba. Si uno lo mira, 15 pisos arriba parece muchísimo, pero si uno lo mira en la perspectiva, no es nada.

    ¿Qué sentiste?
    Sentí que se movía el edificio. Entró humo. En mis adentros pensé -qué ingenuo, ¿no?- claro, se estrelló un 767 en el edificio de al lado y explotó el tanque de combustible. Nunca me imaginé que se había incrustado un avión en la torre donde yo estaba. Me enteré después. Me acuerdo que me puse a hablar con un amigo mío que me llamó por teléfono que trabajaba en Detroit, que estaba mirando la televisión y vio cómo se incrustaba el avión y se cortaba la comunicación conmigo. Y ahí, se sacudió el edificio, entró humo, me quedé un rato más mirando por la ventana porque no podía creer lo que estaba pasando. En un momento, no sé qué se me prendió en la cabeza y dije: “De acá, hay que irse”. Lo mío fue muy ordenado. Llegué abajo, salí al patio, miré para arriba, no podía creer lo que veía: esas dos torres con llamas de 30, 40, 50 metros. Me quedé como hipnotizado mirando. No sé por qué también dije “de acá, hay que irse”. Empecé a caminar para el norte y a los cinco minutos, se cayó la torre donde yo trabajaba. Vino el polvo, el humo y empecé a correr para poder escapar.

    Después de los atentados hubo muchas teorías conspirativas sobre implosiones en el interior de las Gemelas. ¿Vos escuchaste o viste algo?
    No vi ni escuché nada. Saliendo de ahí, en el caos, lo menos que hace uno es mirar eso, pero después, viendo cómo se cayeron realmente, que se cayeron como se caen los edificios que se dinamitan, se cayeron muy derechos. Uno pensaría que se habrían caído para un lado o para el otro. No soy un experto, no tengo la verdad y no digo que haya sido así, pero genera dudas.

    Recién ahora estás pudiendo contar lo que pasó.
    Hasta hace ocho meses, de este tema no hablaba directamente, y si me preguntaba gente que por ahí sabía, me ponía de muy mal humor y contestaba mal o esquivaba el tema. Por suerte, ahora puedo hablar un poco de lo que me pasó. Después de esto, estuve dos semanas sin dormir, y cuando te digo sin dormir, me refiero a estar las 24 horas con los ojos abiertos.

    En ese entonces, ¿alguna vez hablaste sobre la sospecha de lo que pudo haber pasado?
    Durante ese período, la verdad es que cambió mucho la sociedad norteamericana o la gente con la que yo trabajaba de origen norteamericano. Cambió mucho su manera de actuar. Eso fue una de las cosas que, además, me empujó a querer irme. Vi reacciones en gente civilizada que nunca me habría imaginado ver, como celebrar caída de bombas sobre ciudades o estar obnubilada pensando que la persona que le vendía el café durante años, como era de origen árabe, podía ser un terrorista.

    Dicen que las situaciones trágicas unen o desunen...
    Yo diría que, con la mayoría, me desunió, porque la mayoría eran estadounidenses y pensaban el tema de la guerra, las armas de destrucción masiva, como: "hay que hacer lo que dice nuestro presidente y hay que ser patriota." Y quedó demostrado después, con el tiempo, que las cosas no fueron así.

    A ocho años de un hecho que cambió la historia, ¿cuál es tu balance?
    He hablado con gente que pensaba de la manera “oficialista” y ahora, ha cambiado un poco su postura. Se dieron cuenta de que el tema de Irak realmente fue una cosa montada por petróleo y no por otra cosa más. Quedó demostrado que no existían las armas de destrucción masiva. Todo el mundo apoyó la invasión a Afganistán, la erradicación de los Talibán, y se aprovechó una situación para beneficiar a otra, a un núcleo muy pequeño y cerrado de gente, de petroleros. En vez de haberle sacado provecho a la desgracia que ocurrió, vino una mucho peor, y el mundo hoy es un lugar mucho más peligroso que lo que debería haber sido después de un atentado como el que ocurrió el 11 de septiembre.

    Comentarios (3)
    cecila Gonzalez Fassola (cesogym@plaspalet.com) - 10/11/2009 15:16
    Que impresionante como los seres humanos generamos mecanismos de defensa para olbidar o evitar aquello que nos hace daño. Recien despues de 8 años este sobreviviente puede hablar de la tragedia de la que fue parte. terrible.Gracias a Laurent por compartir con nosotros su historia .Aprendamos a darle valor a lo importante...como es poder contrarla despues de algo semejante.Volver a nacer le debe de haber hecho replantearlse muchas cosas. Interesante la nota. Como siempre. felicitaciones
    mario - 18/09/2009 09:19
    El pueblo norteamericano en general, no conoce lo tremendamente siniestra que es la CIA, los crimenes que hace años viene cometiendo en todo el mundo contra gente inocente, en "defensa" de la libertad y la democracia. Si hoy existiera el III Reich, la CIA sería la envidia y el modelo a seguir, de las SS. Ese es uno de los principales motivos por los cuales los yanquis son odiados en casi todo el mundo, sobre todo en el llamado tercer mundo, y eso explica un poco lo de las torres, el "ojo por ojo
    gary embry sosa - 12/09/2009 19:14
    esta nota me hizo sentir escalofrios por todas la gente que decia que se tiraba al vacio
    1
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