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    Sri Lanka: ¿el fin de la guerra?

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    por Alejo Moñino | 17.05.09
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    Tras una guerra civil de 25 años y luego de más de 75.000 muertos, los rebeldes tamiles se rindieron ante el ejército de Sri Lanka. En la ofensiva del gobierno de los últimos meses los civiles de la etnia tamil, considerados ciudadanos de segunda, fueron los que llevaron la peor parte. Cuando el sonido de las bombas se calle, ¿prevalecerá la paz o resurgirán las diferencias que bañaron en sangre a Sri Lanka?

    Imagen de Sri Lanka: ¿el fin de la guerra?
    Durante meses el ejército de Sri Lanka atacó sin miramientos los campamentos en los que se refugiaban los civiles - AP

    "Esta batalla ha llegado a su final amargo. Nuestra gente muere por las bombas, los proyectiles y el hambre. No podemos permitir que sufran más. Tenemos sólo una opción: retirar la última excusa del enemigo para matar personas. Hemos decidido callar nuestras armas". El escueto comunicado firmado por los Tigres del Tamil, puso de esta manera fin a la guerra civil que durante 25 años bañó de sangre a Sri Lanka. Más de 75.000 muertos, una incontable cantidad de heridos y millones de desplazados, es el triste saldo del conflicto separatista que marcó a fuego la historia reciente de la isla de Sri Lanka.

    Los insurgentes ofrecieron pocas horas atrás entregar las armas, admitiendo haber sido derrotados por el ejército nacional, que en los últimos meses lanzó sobre ellos una ofensiva definitiva. El fuego de las bombas no tuvo miramientos. Los civiles perdieron más que los rebeldes, atrapados en zonas de fuego en las que se barrió con todo. La impunidad de un ejército dispuesto a todo no se detuvo ni con las críticas de grupos de derechos humanos ni con la tibia condena internacional. 

    CRÓNICA DE UNA GUERRA CIVIL
    En Sri Lanka el 83 por ciento de la población pertenece a la etnia cingalesa. El grupo que sigue en importancia son los tamiles, con un 9 por ciento. Desde siempre, la población tamil dijo sentirse discriminada por el gobierno nacional, controlado por los cingaleses. Eso los llevó a querer cumplir mediante las armas sus deseos de formar un estado tamil independiente en el noroeste de la isla, la única región en la que son mayoría. Desde 1976, la organización separatista de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE, o más conocida como “Tigres Tamiles”) desató una guerra civil sin tregua entre ambas etnias. Durante años, pese a algunos intentos de mediación, los tamiles, a medida que avanzaron en la conquista de nuevos pueblos y ciudades, consolidaron cada vez con más fuerza las diferentes instituciones de su gobierno paralelo y se hicieron fuertes en la lucha de guerrillas, en los ataques y atentados. Su alianza con Al Qaeda, la red de Osama Bin Laden, llevó a que más de 30 países los incluyeran en la ya famosa lista mundial de organizaciones terroristas, actualizada día a día desde el 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, India, Australia y Malasia son algunas de las naciones que requieren a los separatistas para ser juzgados.

    El temor a los separatistas, los ataques aéreos y terrestres del ejército, y las dolorosas consecuencias del Tsunami de 2004 que hizo estragos en Sri Lanka, llevaron al agotamiento a la población de la etnia tamil. Cuando sus miembros logran escapar a zonas fuera del control de los tigres tamiles, son condenados a pasar sus días en campos de detención en los que se los mantiene hasta que se conoce sus verdaderas intenciones: el gobierno nacional le tiene pavor a una infiltración de espías tamiles y por eso los considera ciudadanos de segunda, fomentando los odios que alimentaron esta guerra que lleva más de un cuarto de siglo.

    LA OFENSIVA FINAL
    En los últimos tres meses, los Tigres tamiles se vieron sorprendidos por una feroz operación del gobierno de Sri Lanka hacia sus zonas de poder. Una a una las ciudades tamiles fueron cayendo a medida que el ejército avanzaba a sangre y fuego. Según la ONU, sólo desde fines de enero, más de 7.000 civiles fueron asesinados y 17.000 resultaron heridos. 200.000 debieron desplazarse a campos de refugiados. Estas cifras podrían incrementarse en las próximas horas porque el cálculo fue hecho al siete de mayo y desde entonces, numerosos bombardeos mataron a miles de civiles más.

    La condena de organismos internacionales de derechos humanos nada pudo hacer para frenar esta masacre. A puro fuego y ante la pasividad de la comunidad internacional, las tropas nacionales avanzaron pueblo a pueblo, recuperando hasta la ciudad en la que los tigres tamiles habían fundado la sede administrativa paralela al gobierno de Sri Lanka.

    LOS RESPONSABLES
    Ni el gobierno ni los tigres tamiles dejaron partir a los civiles cuando pudieron, antes de cometer una masacre. El gobierno no sabía qué hacer con toda esa gente, los tigres no podían perder su escudo humano. El gobierno se negó a negociar, los tigres se negaron a rendirse. El gobierno barrió con poblaciones y hospitales, los tigres observaron con pasividad el avance de un poderío militar que los superaba. La ecuación fue mortal y, como se temía, la lucha por el último bastión tamil fue una masacre de la que todavía no se tiene un conocimiento acabado.

    En el último mes 23.000 civiles escaparon de la zona bajo control de los rebeldes. Estados Unidos acusó a Sri Lanka de romper su promesa de no bombardear esa zona de tregua donde miles de civiles permanecen atrapados en medio de la lucha entre separatistas y fuerzas de Gobierno. Sri Lanka rechazó la acusación, diciendo que el Ejército no estaba usando artillería pesada para atacar la zona controlada por los separatistas en el norte de la isla. Sus autoridades se jactaron de utilizar solo tácticas defensivas y dijeron que se limitaban a responder cuando eran atacados desde esta supuesta zona de tregua. Mientras tanto, las imágenes de los pocos periodistas que pueden trabajar desde la zona de guerra mostraban al único hospital en funcionamiento bombardeado por el ejército dos veces en menos de tres días. Más de 100 personas que estaban siendo atendidas por ataques anteriores, murieron bajo el fuego de artillería que no discriminó a nadie.

    LA HORA FINAL
    Barack Obama llamó el miércoles pasado a una conclusión pacífica del conflicto y le pidió a los rebeldes que depongan sus armas. Con la impunidad que lo caracterizó en estos últimos meses, el gobierno de Sri Lanka rechazó el sábado una llamada hecha por los rebeldes para un cese de hostilidades, diciendo que los miles de civiles que estaban atrapados en la zona de guerra escaparon a zonas seguras y que no había ninguna razón para detener la batalla.

    El ejército informó horas atrás de la muerte de al menos 70 rebeldes que intentaban escapar de la franja de un kilómetro cuadrado rodeada por fuerzas armadas, pero los altos comandantes de los Tigres del Tamil aún no habían sido alcanzados. Voceros militares aseguraron que la dirigencia de los rebeldes probablemente permanecía en la zona de conflicto y planeaba cometer un suicidio masivo. El sábado por la mañana los soldados tomaron control de la costa, sitiando a los insurgentes en un territorio reducido y cortando la posibilidad de escape por mar de sus principales líderes.

    El vocero del ejército informó que los 63.000 civiles que permanecían en la zona escaparon en las últimas 72 horas, pero la prensa y los grupos humanitarios tienen prohibido ingresar a la zona de guerra, por lo que no es posible corroborar la declaración de un gobierno que en los últimos meses se caracterizó por la mentira.

    Cuando el ejército tenga en las próximas horas el control definitivo de la región, se sabrá si los líderes tamiles murieron en los ataques, se suicidaron, o escaparon al exterior como algunos temen.

    "Mi gobierno, con la dedicación total de nuestras fuerzas armadas y en una operación humanitaria sin precedente, por fin ha vencido militarmente a los rebeldes”, dijo el presidente Mahinda Rajapaksa desde Jordania, en dónde se encontraba de visita. "Regresaré a un país que se ha librado totalmente de los actos bárbaros de los Tigres Tamil”, dijo en un comunicado repartido a la prensa.

    Mientras el presidente se prepara para un mensaje ante el Parlamento el próximo martes, -en el que se espera que anuncie que la guerra terminó- miles de ciudadanos se lanzaron a las calles de la capital a celebrar el final del conflicto.

    Tras años de violencia, si la paz finalmente llega a Sri Lanka habrá sido a un costo muy caro para los civiles, víctimas “colaterales” de este conflicto encarnizado. Ojalá la Justicia internacional se encargue algún día de las responsabilidades cometidas en las masacres a civiles y la comunidad internacional actúe en lugar de mirar hacia otro lado.
     
    Para el gobierno de Sri Lanka un tamil es un terrorista hasta que se pruebe lo contrario y son varios los analistas que temen que los famosos campos de detención en los que se aloja a quienes son “una amenaza para la seguridad” sean utilizados para otros propósitos. ¿Qué ocurrirá si no es la paz la que se eleve tras el conflicto sino el racismo? La sombra de un genocidio contra la población tamil todavía sobrevuela a Sri Lanka.

    Comentarios (1)
    SR.X - 21/05/2009 11:39
    MUY BUENA LA NOTA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! YUPII TA BUENASA
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