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AL DÍA
Un “NO” para Berlusconi
por Javier Domingo – Desde Italia | 04.10.09Con ingenio y convocatoria los periodistas italianos hicieron la marcha más multitudinaria en defensa de la libertad de prensa que jamás se realizó en el centro de Roma. Inevitablemente la protesta se convirtió en una manifestación contra el primer ministro Silvio Berlusconi, quien ejerce un poder casi absoluto sobre la televisión y gran parte de la prensa desde hace ya 15 años. Los increíbles escándalos sexuales que lo involucraron en los meses pasados son sólo la punta del iceberg de un showman que no sólo no pierde la imagen positiva sino que se muestra dispuesto a todo con tal de acallar a la prensa y a las voces opositoras.
Aunque mantiene la imagen positiva, la imagen de Silvio Berlusconi comienza a desgastarse – APItalia es muchas veces un laboratorio social y político, desde donde las ideas (muchas veces tristemente, como en el caso del fascismo) se exportan al resto del mundo. El caso de la “democracia con control mediático” que está viviendo el país en este momento, es emblemático. La escena política italiana está dominada desde hace quince años por el magnate de los medios de comunicación Silvio Berlusconi, quien ejerce un poder casi absoluto sobre la televisión y gran parte de la prensa, además de poseer varias editoriales y otros emprendimientos. Aquello que no controlaba directamente como empresario privado, lo intenta controlar hoy como gobierno. El poder pasa cada vez más por el control de los medios de comunicación y de la información.
En un clima de acusaciones y escándalos, la imagen del gobierno de Berlusconi comienza a desgastarse. La oposición, dividida y sin un discurso alternativo, tiene esta vez poco que ver. El movimiento anti-berlusconiano tiene su centro en lo que queda de la prensa libre. Como para fortalecer el lugar común sobre los italianos, son los escándalos de alcoba los que cambiaron las cartas.
Las comparaciones son odiosas. Justamente por eso, imaginemos qué pasaría si se divulgara que la primera ministra alemana, Angela Merkel, organiza fiestas privadas con veinte hermosos jóvenes, algunos de los cuales se quedan a dormir. Imaginemos qué pasaría si se sorprende a Barack Obama en una fiesta de cumpleaños de 18 de una chica perfectamente desconocida para todos, pero con la suficiente confianza con el presidente para llamarlo “papi”. O si Michelle, la mujer de Obama, pidiera el divorcio con una carta abierta en el “New York Times” acusando a su marido de “tener encuentros con menores de edad”. ¿Qué opinaría el mundo si se supiera que Zapatero invita a su residencia de verano a más de 150 chicas adolescentes, a las que lleva en su avión presidencial donde les regala 6000 euros para que se diviertan en el shopping más cercano?
Silvio Berlusconi tiene el privilegio de haber sido el protagonista de todas esas aventuras (entre otras).
EL CULEBRÓN
Para intentar entender la trama de esta telenovela, hay que volver algunos meses en el tiempo. Primer episodio: Verónica Lario, hoy ex-segunda mujer del primer ministro, escribe una carta pública desde las páginas del diario opositor “La repubblica”, donde denuncia el sospechoso criterio de elegir a las candidatas del Pueblo de la Libertad (el partido político de su marido) al Parlamento Europeo, según sus medidas de cintura y de busto. Berlusconi niega, pero retira la candidatura de varias de estas chicas que ostentaban un curriculum como reinas de alguna fiesta provincial de belleza, o ex-participantes del programa de televisión “Gran Hermano”.
Segundo episodio: algunos meses más tarde algunos diarios publican unas fotos que sorprenden a Berlusconi en la fiesta de cumpleaños de 18 de una perfecta desconocida, que lo llama “papi” y se le sienta en las rodillas. Verónica vuelve a atacar, otra vez desde las páginas de Repubblica, manifestándose “sorprendida” ya que “Silvio no fue a ninguna de las fiestas de cumpleaños de 18 de sus hijos, aún estando invitado”. Silvio se justifica diciendo que su avión de regreso a Roma tenía una hora de retraso debido al mal tiempo, y que aprovechó para discutir de unas candidaturas de su partido con el padre de esta chica (que no está afiliado a ningún partido).
Tercer episodio: el escándalo es tan grande que Berlusconi se siente obligado a dar su versión de los hechos en su medio preferido: la televisión. Y sin periodistas que hagan preguntas. Varios diarios revelan las contradicciones de Berlusconi en esta historia. Ante la obstinada negación de Silvio, Verónica vuelve a escribir una carta. Pide el divorcio porque su marido “no está bien de salud”, y lo acusa de “verse con menores”.
Cuarto episodio: crece el escándalo alrededor de una serie de fiestas en la residencia de verano de Berlusconi en Cerdeña. Se amenaza con publicar una serie de fotos escandalosas, pero la justicia secuestra los originales. A pocos en el país se le ocurre criticar el estilo de vida ventilado por la persona que ejerce el poder ejecutivo: invitando a cientos de chicas elegidas por su supuesta belleza, distribuyendo regalos y dinero en efectivo en cambio de vaya uno a saber qué favores. Todo esto, en el medio de la mayor crisis por la que haya pasado Italia desde finales de la Segunda Guerra Mundial.
Quinto episodio: Una prostituta asegura haber pasado, junto a otras chicas, dos noches con Berlusconi en su residencia oficial: cocaína y sexo desenfrenado. Como prueba, tiene fotos y grabaciones de voces hechas con su teléfono celular. Todos podemos escuchar por internet los consejos íntimos que da Silvio a Patrizia: que tiene que tocarse para poder gozar más, por ejemplo. Como parte de pago, recibe una candidatura para el parlamento europeo (retirada después de la denuncia de Veronica Lario).
IMAGEN… ¿POSITIVA?
La imagen de Berlusconi sigue siendo positiva para la mayor parte de los italianos. Es alguien que “hace lo que a todos les gustaría hacer”. Sin embargo, desde la prensa y desde varias asociaciones cívicas se inicia una campaña a favor de una nueva moral en la política, y en contra de los valores que Berlusconi representa.
Los escándalos de tipo personal cubren otros de naturaleza puramente política. En la base del descontento están las leyes personales de Berlusconi que buscan otorgarle inmunidad judicial, la moratoria fiscal que elimina los reatos financieros, el codearse con personajes como Gadafi o Putin, y sobre todo, la caída libre de la imagen internacional de Italia. La oposición, la Iglesia y hasta gran parte de los políticos gobernantes critican también la política xenófoba y represiva plegada a las pretensiones de la separatista Liga del Nord, aliada del gobierno: la criminalización del “clandestino”, la decisión de repatriar en el mar las naves de inmigrados y la instauración de “rondas” de ciudadanos para controlar la seguridad.
Berlusconi lanza su ofensiva. Primero hace un llamado a los empresarios para que no inviertan en publicidad en los diarios opositores. Al inaugurar el año lectivo, sugiere a los alumnos que no lean los diarios. Acto seguido, denuncia a “Repubblica” y al diario “L’unitá” por los artículos sobre su vida personal. Acusa a los periodistas de ser “criminales, mentirosos, chacales”, desde cualquier palco.
Su ataque a la prensa va más allá. Por boca de uno de sus diarios, “Il giornale”, acusa al director de “L’avvenire” (el diario de la conferencia episcopal italiana) de haber sido procesado por molestias a la esposa de un hombre con el que habría tenido una relación. El director presenta su renuncia, si bien no hay pruebas contra él. “L’avvenire” había sido muy crítico con el estilo de vida del primer ministro.
Berlusconi combate también en televisión. Preparó un gran retorno mediático a “su” medio: se lo vio entregando las primeras casas reconstruidas después del terremoto en los Abruzos. Ordenó la suspensión de dos programas opositores para poder tener la exclusiva. El evento, sin embargo, obtuvo sólo un 13 por ciento de audiencia, primera señal de que los italianos se están cansando.
Berlusconi, paralelamente, organiza conferencias de prensa donde repite que él es el mejor primer ministro que ha tenido Italia en sus 150 años de historia, que su popularidad está al máximo, que nunca tuvo que pagar por sexo porque las chicas se mueren por él, que es víctima de una persecución y que la manifestación es una farsa. Además, junta firmas para su candidatura al Premio Nobel de la paz. Si existiera una mayor libertad de prensa, tal vez se daría cuenta que la realidad es muy diferente.
En un mundo donde el G-8 (el grupo de los ocho líderes de la economía mundial) deja lugar al G-20, el papel de Italia en la escena internacional es reducido. Los italianos, sin una receta convincente para enfrentar este nuevo orden mundial, confían su destino a un líder que se ofrece a sí mismo como espectáculo. A pesar de su popularidad, es alguien que refleja más los temores colectivos que los deseos y las aspiraciones de la gente. Ideales que ningún otro político, sin embargo, parece poder canalizar.La verdad versus el maquillaje
Miles marcharon en la Plaza del Pueblo, en Roma, a favor de la libertad de prensa y contra Berlusconi - APSeguidamente a las polémicas entre ciertos sectores del periodismo y el gobierno o, más precisamente, Silvio Berlusconi, la asociación nacional de prensa italiana organizó una marcha a favor de la libertad de prensa en Roma.
Adhirieron a la manifestación todos los partidos de la oposición, las organizaciones sindicales más cercanas a la izquierda, las asociaciones de prensa y gran parte de los periodistas, la mayoría de los grandes diarios internacionales, además de numerosas asociaciones civiles, figuras del mundo del espectáculo, religiosos y varios premios Nobel.
En un principio, la manifestación hubiera debido realizarse el 19 de septiembre, pero el día anterior hubo un atentado en Afganistán donde murieron seis soldados de la misión italiana en ese país y la marcha se aplazó para el día 3 de octubre. En estas dos semanas, el tono de la discusión política se endureció aún más.
En las últimas horas un alud producido en la ciudad siciliana de Messina mató a más de 20 personas y aún hay 40 desaparecidas. Otra vez Italia está de luto y en este clima se hizo la marcha, que se inició hacia las tres de la tarde con un minuto de silencio en honor a las víctimas. Desde el palco, recordaron que el alud no es un desastre de la naturaleza si no de la edificación salvaje y descontrolada del territorio.
Desde un primer momento se vio que las trescientas mil personas según los organizadores (o las cien mil, según la policía) estaban en la plaza manifestando más en contra de Berlusconi que a favor de la libertad de la prensa. A pesar de la advertencia para que no se llevaran banderas partidarias, la plaza estaba inundada de banderas del Partido Democrático y de la CGIL (el sindicato de izquierda).
La gente, llegada desde toda Italia en más de 300 colectivos y trenes especiales, desfiló bajo el slogan: “no a la información con mordaza”, exhibiendo también algunos más creativos como “Silvio dejá alguna para el pueblo” o “preferimos la verdad al maquillaje”, otros políticos como la frase del intelectual italiano Gramsci: “odio a los indiferentes”, y otros más poéticos: “la libertad es como el aire, uno se da cuenta que falta cuando ya no está”.
Después de las palabras del presidente de la federación de prensa, una actriz recitó algunos textos de Anna Politovskaya, la periodista rusa asesinada impunemente después de haber denunciado los excesos cometidos por el ejército ruso en Chechenia. La comparación entre Berlusconi y Putin es evidente.
Tomó también la palabra el presidente honorario de la Corte Constitucional, Valerio Onida: “El poder político es a menudo intolerante con las voces críticas, pero un pueblo no informado, o mal informado, es menos libre.”
Entre el público, además de silbidos y coros en contra de Berlusconi, lo más escuchado fue el grito: “somos todos delincuentes”, en respuesta a Berlusconi que había definido así a los periodistas.
El momento más cálido llegó con Roberto Saviano. El joven escritor que denunció el sistema de la camorra napolitana se transformó en un referente para los jóvenes italianos. Saviano, que no tiene todavía 30 años, vive recluido y constantemente bajo custodia, amenazado por la mafia. “Recuerden que la verdad y el poder no coinciden jamás. Hoy los italianos mostramos que estamos tratando de recuperar el honor.” Entre cantos y aplausos, la plaza se convirtió en fiesta con la música de varios cantantes populares que se sumaron a la protesta.
Del otro lado del espectro político, el oficialismo repudió la marcha, llamándola “payasada”, “patética”, “escándalo”, “vergüenza”. “Cualquiera puede ver que en Italia hay libertad de prensa”, repiten a coro los políticos del gobierno. “Para hacer una manifestación hay que basarse sobre hechos concretos, no se puede manifestar por si las dudas. Y en Italia nadie nos puede acusar de nada”, sostiene el secretario de las comunicaciones.
De hecho, como reconoce el director del “Espresso”, el mayor grupo mediático opositor, “es evidente que en Italia hay libertad de prensa, el problema es la limitación de la información y la posibilidad del ciudadano de estar informado también con puntos de vista diferentes.”
A pesar de las denuncias y amenazas de Berlusconi, es verdad que la prensa goza de una amplia libertad. El problema es, en todo caso, la división cultural del país. El electorado de Berlusconi está compuesto mayoritariamente por gente con poca instrucción, que no lee por lo general los diarios y se informa sólo por televisión. Ciudadanos que no tienen ninguna posibilidad de enterarse de lo que sucede realmente en el país.
Más allá de las polémicas nacionales, la asociación “reporters sans frontiers” anunció que Silvio Berlusconi será incluido en la lista de los “predadores” de la prensa y que “Italia es el país de la Unión Europea donde la libertad de prensa está mayormente amenazada.”
La organización freedomhouse monitorea la libertad de prensa en todos los países del mundo. Los primeros lugares los ocupan los países de Escandinavia. Los últimos, Corea del Norte, Libia y Cuba. Italia ocupa el lugar número 61, junto a países como Israel o Guyana, por debajo de Ghana y Kiribati, y justo encima de Benín, Chile o Uruguay.
La manifestación de hoy, sobre todo por haberse mostrado como una marcha anti-Berlusconi, y fuertemente politizada, difícilmente logrará revertir en algún modo la situación política del país. Al no conseguir llegar a todo el pueblo italiano, en gran parte por su propia ineficacia, la protesta seguramente se diluirá entre las miles de otras que se alzan cada día sin que nadie las escuche. -



















