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Una experiencia onírica
por Inés Pennacca - Argentina | 09.11.09
En esta foto del 10 de noviembre de 1989, dos jóvenes berlineses exhiben orgullosos a cámara los fragmentos que le arrancaron al muro de Berlín - APAl conversar sobre acontecimientos mundiales de gran repercusión surge la pregunta de rigor: ¿Dónde estabas vos cuando…..? Ese “cuando” se refiere casi siempre al ataque del 11 de Septiembre de 2001 a las torres gemelas y/o a la caída del muro de Berlín la noche del 9 de noviembre de 1989. No se pueden comparar las emociones que evocan estos dos hechos. El primero va acompañado de horror y el segundo de un sentimiento festivo.
De eso, de festejar es de lo que se viene hablando en los medios desde hace ya algunos meses. Aunque es difícil dejar de pensar que paradójicamente en varios rincones del planeta se levantaron y se siguen levantando muros (no los voy a nombrar ¿para qué?) que separan a pueblos y a seres queridos, la caída del símbolo más representativo del fin de la Guerra Fría: el muro de Berlín, al cumplir sus 20 años merece ser festejada y recordada con alegría.
Y, yo, ¿dónde estaba la noche del Jueves 9 al Viernes 10 de Noviembre de 1989 cuando por televisión empezaron a mostrar las primeras imágenes de los “Ossis”, los habitantes de la mal llamada ex- República Democrática de Alemania (DDR), cruzando a pie entre atemorizados y eufóricos el puente fronterizo de la Bornholmer Strasse que separaba la DDR de Alemania Occidental y de los Ost-berliner (habitantes de Berlín Oriental) asomándose felices por entre los ladrillos del muro roto? Creo haber visto por primera vez esas imágenes en casa, en Hamburgo, la noche del Viernes 10, muy tarde a la vuelta de un viaje.
Pero el recuerdo que sí tengo imborrable en mi memoria es el de ese primer fin de semana de la caída del muro. Para mí fue una experiencia literalmente onírica.
En 1989 yo ya llevaba varios años viviendo en Hamburgo y conocía muy bien las corridas de los sábados por la mañana para llegar antes de la una de la tarde a cualquier negocio. Luego de esa hora, era imposible encontrar algún lugar abierto para comprar hasta lo más elemental. Por eso cuando el sábado 11 por la mañana ví que el reloj marcaba las 12 y media, me bañé, me vestí y salí apuradísima dispuesta a comprarme esos zapatos que ya había visto unos días antes en la vidriera de una zapatería de la Neuer Wall que quedaba más o menos a 10 cuadras de casa.
Cuando llegué a casi 3 cuadras de la zapatería en bicicleta empecé a tomar conciencia de que algo diferente estaba pasando. Yo estaba medio dormida, es verdad, pero ver a tanta gente y toda vestida con las mismas chaquetas y pantalones de jeans no era algo habitual un sábado por la mañana en una de las calles comerciales la “Jungfernstieg” frente al lago. Como lo único que me importaba era que no me cerrasen las puertas de la zapatería, no reparé en lo que pasaba a mi alrededor hasta que ante una esquina esperando para cruzar la calle, en un quiosco, de refilón leí los titulares en rojo enormes del “Bild Zeitung” (uno de los períodicos sensacionalistas de Alemania) DIE MAUER IST WEG! (CAYO EL MURO!). Ahí caí. Los alemanes del Este estaban empezando a disfrutar de su reciente libertad en Hamburgo una de las ciudades importantes mas cercanas a la frontera y sobretodo una de las mas bellas y pujantes de Alemania Occidental. Todo era para ellos un festival de color y de abundancia.
También por la noche en el cine me llamó la atención la excitación y los comentarios de algunas personas cuando solamente proyectaban las publicidades. Eran todas expresiones de asombro: “Mirá, ¡qué fabuloso! ¡Qué increíble!", etc. Al día siguiente, el domingo también viví algo inusual en la autopista. Todos los carriles de la derecha estaban cargados por pequeños Trabant que apenas superaban los niveles mínimos de velocidad para circular por autopista. La inmensa alegría de todos los que empezaron a disfrutar de la libertad de poder circular libremente fue contagiosa.
¿Será una utopía creer que puedan también desaparecer esos muros que no quise nombrar más arriba para no empañar un recuerdo feliz?Observador Global no se responsabiliza por los comentarios y opiniones expresados por nuestros lectores. -
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