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HISTORIA
Una tradición golpista
por Juan Ignacio Verni | 04.07.09La historia reciente de Honduras está plagada de golpes de Estado que se sucedieron con los años, cada vez más sangrientos y despiadados. La frágil democracia hondureña no escapa a la historia de botas y sangre del resto de sus vecinos latinoamericanos. Es el gobierno de facto que derrocó al presidente Manuel Zelaya el que ahora agita esos fantasmas de un pasado que todos recuerdan y al que, increíblemente, algunos quieren regresar.
La frágil democracia hondureña no escapa a la historia de botas y sangre del resto de sus vecinos latinoamericanos - APA lo largo del siglo XX, el gobierno de Honduras estuvo en repetidas ocasiones bajo el mando de dirigentes de facto. Diversos problemas sociales y económicos hundieron a su aparato político en un debilitamiento constante que terminó degradando seriamente sus instituciones democráticas.
Estos problemas comenzaron a dejar profundas marcas en el sistema político del país cuando su economía fue castigada por la Gran Depresión de los años ’30. El presidente que tuvo que afrontar dichas dificultades fue el médico Vicente Mejía Colindres quien, además, sufrió una fuerte oposición proveniente de los poderes Legislativo y Judicial. Sus planes de gobierno no fueron aceptados y en el año 1932 lo sucedió el General Tiburcio Carías Andino, proveniente del Partido Conservador Nacional.
Carías Andino llegó a la presidencia de Honduras luego de obtener el apoyo de la importante corporación United Fruit Company. Dicha compañía norteamericana fue la que convirtió al país en el primer exportador de plátanos del mundo. Tan grande llegó a ser su poder económico que en varias oportunidades utilizó su influencia para intervenir en los destinos políticos de Honduras.
Carías, de esta manera, comenzó a acumular poderes, con los cuales terminó ejerciendo una brutal represión política que le permitió gobernar de forma indiscutida su país hasta el año 1949, convirtiéndose así en el presidente que más tiempo estuvo comandando el Gobierno de una Nación centroamericana. Para lograr esto, tuvo que modificar la Constitución de Honduras, la cual prohibía expresamente la posibilidad de reelección ejecutiva; creó, entonces, una Asamblea General Constituyente dotada con el poder de elegir a los nuevos presidentes, incluso de forma consecutiva. Además, extendió el período de gobierno de 4 a 6 años, restauró la pena de muerte, declaró ilegal el Partido Comunista de Honduras (PCH), y para anular posibles focos de oposición llegó a censurar a varios diarios, periodistas y hasta líderes políticos. Honduras entraba de esta manera en un proceso que se repetiría varias veces en el futuro.
El mismo Tiburcio Carías Andino sufrió varios intentos de golpe de Estado, que logró anular. La situación social se volvió tensa, y Estados Unidos comenzó entonces a presionar al presidente (amenazando con retirar su apoyo económico a través de la United Fruit Company) para que convoque a elecciones generales una vez concluido su período de gobierno. Así fue como los hondureños volvieron a las urnas. Pero el Partido Liberal de Honduras se encontraba sin recursos ni líderes fuertes para proponer un cambio, y por ese motivo no se presentó a las elecciones. De esta manera el camino quedó libre para el candidato del Partido Nacional propuesto por Carías, Juan Manuel Gálvez, quien en 1949 asumió la presidencia del país sin ningún tipo de oposición política.
Gálvez le devolvió a la Nación las libertades que su antecesor había anulado, más una serie de beneficios para todos los trabajadores. En 1957, llegó a la presidencia el liberal Ramón Villeda Morales. Pero distintos grupos opositores oligárquicos, mediante el apoyo de los Estados Unidos, lograron derrocar a Morales con un golpe de Estado llevado a cabo por el coronel Oswaldo López Arellano diez días antes que se realizaran las elecciones presidenciales. Una vez más Honduras quedaba sumergida en el caos político.
López Arellano tomó el poder el 3 de octubre de 1963, y lo retuvo hasta 1973. Ese año permitió que se realizaran nuevas elecciones, pero al ver que él no iba a resultar ganador volvió a tomar el poder. Así, se mantuvo como cabeza de Estado hasta 1975, año en el que el sector empresarial norteamericano le ofreció un cuantioso soborno para que redujera los impuestos en las exportaciones de plátanos. Esto salió a la luz y Oswaldo López Arellano terminó derrocado por el General Juan Alberto Melgar.
Melgar, si bien ejerció como presidente de facto, fue quien comenzó en el año 1977 con la elaboración de una nueva ley electoral cuyo objetivo era iniciar un nuevo proceso de transición hacia la olvidada democracia hondureña. Un año más tarde Melgar sería derrocado por una Junta Militar dirigida por el general Policarpo Paz García, impidiendo de esta manera que se realizaran las elecciones y que Honduras salga de la terrible sucesión de presidentes inconstitucionales.
En 1980 Paz García crea una Asamblea Constituyente que lo nombra como presidente de la Nación. Pero ese mismo año la Revolución Sandinista que tuvo lugar en Nicaragua había logrado echar del poder a la dinastía de los Somoza, dando comienzo a un nuevo frente democrático en los países del caribe. Estados Unidos, entonces, presionó a Paz García para que llame a elecciones. Resultó electo un año después Roberto Suazo Córdova, responsable de la Constitución del ’82, pero también de convertir a Honduras en la nueva base norteamericana contra las acciones políticas de Nicaragua.
Honduras tendría que esperar por la calma hasta 1994, año en el que llegó a la presidencia Carlos Roberto Reina, presidente que se ocupó de aplacar el poderío militar del país y de devolverle a Honduras, aunque sea por un tiempo, los viejos y poco recordados tiempos de estabilidad democrática. -


















